La mónada solitaria y el cambalache utópico: Lectura de Silver

Silver, Catálogos, Buenos Aires, 2008 


«Par conséquent, ceux qui ont avancé que tout est bien, ont dit une sottise:

il fallait dire que tout est au mieux…»

Voltaire

Pablo Urbanyi nació en Hungría en 1939. Emigró a la Argentina a la edad de ocho años. Allí se crió, se educó y adoptó la nacionalidad de este país. Su primer libro de cuentos, con el título de Noche de revolucionarios, apareció en 1972 (Centro Editor, Buenos Aires). Su segundo libro, Un revólver para Mack, una novela policíaca de tono paródico, salió a luz en 1975 (Edit. Corregidor, Buenos Aires). Este mismo año entró a trabajar como redactor en el Suplemento Cultural del diario «La opinión», de Buenos Aires. Allí realizó reportajes, entrevistas, escribió notas sobre diferentes temas, crítica de libros, hasta 1977, año en que los acontecimientos políticos, o más bien militares, lo obligaron a emigrar. En Canadá escribió su tercer libro, otra novela, En ninguna parte, que se publicó en 1981 (Edit. Fundación de Belgrano, Buenos Aires). En 1982 este texto también se publicó en inglés, con el nombre de The Nowhere Idea (WilliamWallace, Toronto), y en francés, en 1988, como L’idée fixe (V. L. B., Montréal). Su libro De todo un poco, de nada mucho, una trilogía, se publicó en 1988 (Legasa, Buenos Aires). En mayo de 1992 publicó en Hungría una selección de cuentos con el nombre de A hagyaték (El legado). Ese mismo año, en octubre, apareció Nacer de nuevo, otra selección de cuentos (Girol Books, Ottawa). En noviembre de 1992, se tradujo al francés Un revólver para Mack ( V. L. B., Montréal). En 1993 Pablo Urbanyi fue finalista del Premio Planeta Argentino con la novela Silver. La misma se publicó en francés por Balzac-Le Griot Editeur, en Québec, y en Francia en diciembre de 1999. Las últimas publicaciones del escritor argentino, quien reside actualmente en Ottawa y enseña en la universidad, son la novela Puesta de sol (Girol Books, Ottawa, 1997) y 2058, en la Corte de Eutopía (Catálogos, Buenos Aires, 1999).

De todas las obras citadas más arriba quizás sea la novela Silver la más representativa del universo narrativo de Urbanyi.  Ajena a las modas pasajeras pero no a las grandes interrogaciones ni a la escritura paródica tan propia de nuestro fin de siglo, la obra del escritor argentino combina modernidad y originalidad. Si bien no comparte el actual entusiasmo, algo cansado a la larga, por la novela histórica o la novela policíaca, por ejemplo, se asoma, sin embargo, a un tema que no deja de recorrer las mejores ficciones de estas últimas décadas: la utopía. Prolongando la reflexión ya esbozada en la novela En ninguna parte, Silver emprende, sin solemnidades didácticas, con un humor ya leve, ya terriblemente mordaz, cuando no realmente trágico —al que no es ajena la lectura de Swift y Kafka— una suerte de balance del estado actual de la desafortunada utopía en el mundo occidental. O más exactamente en la sociedad de consumo norteamericana, jocosamente denominada «el ambiente enriquecido», donde transcurre en gran parte la acción y cuyas pautas tienden, por evidentes razones económicas, a imponerse a nivel mundial.

Pero la seriedad de este planteamiento, de manifiestas implicaciones ideológicas, no merma en absoluto el placer de la lectura. Novela fingidamente anti-intelectual —los universitarios y científicos, embusteros y narcisistas, son el blanco favorito de las pullas más acerbas—, deliberadamente volcada hacia un público más vasto de lectores de buena fe, capaces aún de inocencia, Silver comienza por reivindicar su condición de novela de aventuras. Nos atrapa con el gancho de una trama insólita, de ribetes fantásticos, que hace coincidir de modo kafkaiano, conforme a los análisis de Todorov, lo maravilloso —un simio procedente de Gabón que habla en inglés— y la extrañeza de la vida cotidiana. (Cabe precisar a este respecto que Silver constituye una desembozada amplificación de Rapport pour une Académie, breve texto paródico de Franz Kafka donde se relatan precisamente las desventuras de un mono capturado por los hombres, quien, si bien no recupera nunca la libertad perdida, consigue a la postre, tras un duro aprendizaje de las costumbres humanas, una irrisoria victoria: salvarse de la jaula.) La novela de Pablo Urbanyi arranca de la siguiente situación: el encuentro, en un «party» de beneficiencia realizado por una célebre Fundación norteamericana, de un humano, Marco, cuya condición de exiliado se destaca sugestivamente, y de un simio de pelo blanco y ojos azules, solitario él también y por añadidura paralítico, traído del Africa veinte años atrás por un matrimonio de científicos norteamericanos ansiosos de estudiar su capacidad de adaptación al entorno humano.

Gracias a un equilibrado entramado de retrospecciones y anticipaciones, a un hábil manejo de las peripecias y el suspense —¿a qué se debe, por ejemplo, la parálisis del mono?—, el texto, que rescata el pasado de Silver, logra suscitar sin desmayo el interés del lector. Asumiendo con humor todos los distintivos de la novela de aventuras, el exotismo inclusive, Silver nos desvela la existencia de una sociedad norteamericana hipersofisticada regida por leyes tan estrambóticas, tan «mágicorrealistas», tan «kitsch», y finalmente tan crueles como las de la selva virgen, indisociable ella también de una cómica sarta de estereotipos fraguados por una ya larga tradición de cursilería literaria y cinematográfica: las sombras de Tarzan, el famoso personaje creado en 1911 por Edgar Rice Burroughs y de King Kong (del realizador Merian Cooper) no dejan de cernerse sugestivamente sobre la ficción. Así los dos mundos, el «civilizado» —con su mentida permisividad— y el salvaje —supuesta sede de la armonía y la perfección natural— se encuentran como equiparados. De ahí que no sepa Silver, tras su sorpresivo regreso al Africa, si quedarse definitivamente allí, en medio de su hábitat natural nada ideal pero sí entrañable, u optar finalmente por «el medio enriquecido» cuyas facilidades y hasta sandeces termina sin embargo por anõrar.

Conforme progresa la ficción, se afirma cada vez más nítidamente su alcance simbólico. Es más. Silver puede leerse como una desengañada (o tal vez lúcida) reflexión metafísica sobre la felicidad. Reflexión que nos obliga a reconsiderar los principales mitos que sustentan aún el pensamiento occidental de este fin del siglo XX, interrogándonos sobre la autenticidad y validez de los mismos. Fuerza es reconocer que en la novela de Urbanyi ninguno de ellos se salva de los dardos acerados del narrador: ni el paródico mito del progreso científico subyacente al humanismo coercitivo de la pareja Gregory-Dianne, ni el burdo contra-mito de la «salvajización» forzada, producto de una lectura desquiciada del pensamiento rousseauniano, que enarbola una Jane ideológicamente perturbada por sus confusos sueños de «New Age», voluntariosa, tiránica, incoherente, manipuladora y, de hecho, únicamente obsesionada por su sed de poder y triunfo personal. De los grandes sistemas utópicos de antaño sólo perduran unos irrisorios fragmentos que algunos mercachifles se apresuran a reciclar torpemente. Burdamente tergiversados, desconectados de toda verdadera ansia reformadora, de toda proyección colectiva, de toda dimensión realmente revolucionaria, tanto los mitos de la «Tierra prometida», el «Paraíso terrenal», la «isla feliz» (el «lugar ameno»), como los del progreso material y la regeneración humana carecen de credibilidad. Es papel mojado el pensamiento utópico del Renacimiento, la sabiduría acumulada por el Siglo de las luces y los siglos XIX y XX. Pues todos los personajes de la sociedad norteamericana aquí evocada, con la salvedad de la inglesa Dianne, exaltada, sincera, mimosa, y representante del único verdadero pujo transgresor, tienen de la vida un concepto mercantil: la utopía que pretenden promover no es sino, en sus manos, un instrumento de encumbramiento personal, de enriquecimiento, y una grotesca máscara destinada a disimular sus frustraciones afectivas y sexuales. La vida, neuróticamente colocada bajo el signo de la competencia a ultranza, se limita para todos los pobres diablos de la novela a la actividad profesional, a la búsqueda incesante de «novedades» destinadas a superar al rival, a la obsesión del «récord», por nimio que sea. Buen ejemplo de ello es la jocosa y reiterada referencia al libro Guinnes de los récords.

Ya es hora de precisar que la novela, desprovista de complejidades composicionales, se desarrolla sin embargo en dos niveles paralelos, presentando una sugestiva estructura contrapuntística. Primero se accede a lo que finge ser el relato-confesión o las Memorias de Silver, escrito en primera persona por el simio y encomendado por él a su amigo Marco, cuya función es teóricamente la de mero transcriptor, conforme a una clásica estratagema novelesca ya usada por Cervantes en el Quijote. Acompañando a este primer estrato narrativo, el texto de Marco, narrativo y dialogado a la vez, permite una profundización en la psicología de Silver, un mono singular, tan humano y sensible que Marco, su interlocutor, no duda en afirmar, en un paródico gesto flaubertiano: «Silver, soy yo». Así convergen y se confunden las dos vertientes del texto, confirmando las ambiciones metafísicas de la ficción. Más que un truculento relato con animales, Silver resulta ser una fábula filosófica de alcance universal. Las inquietudes existenciales de Silver, el mono arrebatado a su tierra natal, coinciden plenamente con las del exiliado Marco, involucrado por necesidad en un mundo que lo agobia.

Es más. Silver viene a ser una nostálgica meditación sobre el absurdo de la vida y la insoslayable soledad que ronda todo destino humano. Pese al tono globalmente paródico de la obra, existen en la novela algunos enclaves líricos en que se combinan bellamente temática de la fugacidad de la vida y temática erótica. Particularmente lograda es, a este respecto, la evocación del suicidio de Zopenhauer, el simio pesimista lisiado por el mundo de la civilización y fatigado de luchar, la eufemística «desaparición» de Sally, su fiel enamorada, y la muerte de Tex, el impetuoso mono con pinta de pionero americano. Si nada se puede contra el tiempo devastador, si el amor es tan difícil de conseguir, si hasta la mera satisfacción sexual suscita tantos malentendidos _ véanse las frustrantes relaciones de la pareja Silver-Jane_, ¿qué sentido tiene entonces la vida? ¿Qué utopía resiste el desgaste insidioso del capitalismo? A no ser que sea la ficción, la escritura, con su eterna rumia de preguntas y atisbos de verdades la última utopía viable en los albores del nuevo milenio. Tal parece ser la respuesta de esta fábula paródica y trágica a la vez.

Maryse Renaud, Universidad de  Poitiers

 

Relacionados

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)

© 2011 Pablo Urbanyi Sitio Oficial Suffusion WordPress theme by Sayontan Sinha