En ninguna parte (novela, 1981)

Y realmente cuesta ver en qué difiere
la teoría erewhoniana de la nuestra
(con respecto al genio), porque la palabra “idiota”
sólo significa una persona que
forma sus opiniones por sí misma.

 De Erewhon, de SAMUEL BUTLER

 

Si la estupidez no se pareciera
tan perfectamente al progreso,
o al talento, o al mejoramiento,
nadie querría ser estúpido.

 ROBERT MUSIL

 

Una pregunta es una respuesta:
-Mulá Nasrudin, ¿por qué a una pregunta
respondes con otra pregunta?
-¿Hago eso?

 De Las ocurrencias del increíble Mulá Nasrudin

 

PRIMERA PARTE

Capítulo I

INTRODUCCIÓN O PRÓLOGO (1)

Que los profesores universitarios, los científicos y los académicos en general, sobre todo si trabajan en la misma rama del saber, se odian, hablan mal uno del otro, hasta la difamación que se sacarían los ojos por minucias erudísticas y que se matarían si se atrevieran y pudieran, son hechos y verdades demasiado conocidos para desarrollarlos en detalle. Es un tema exhaustivamente tratado tanto por la literatura como por algunos ensayos más o menos valientes, entre los cuales El elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, sería un buen ejemplo.

Pero cuando la humildad fingida, la buena educación forzada, el supuesto respeto del uno por el otro, que durante años contuvieron los celos, los rencores y las envidias, se quiebran y la agresión liberada se manifiesta en un acto espontáneo –vulgarmente se suele usar la expresión “agarrarse a trompadas”- a nadie le debiera extrañar que dos respetados académicos y profesores prestigiosos, aferrados recíprocamente de sus barbas, se revuelquen en el pasillo alfombrado de un departamento de una universidad cualquiera.
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 (1) Estimado lector: está de más que me presente ahora mismo; ya me irá conociendo (temo que demasiado) durante la lectura de esta publicación. Pero sí conocerá inmediatamente, por mi infinito respeto al lector, un rasgo de mi carácter. Este respeto me obliga a hacer algunas aclaraciones importantes. Mi condición de académico humanista me condena a una doble actitud (¿esquizofrénica?): al academismo por un lado y al humanismo por el otro. Como académico, frente a mis pares (sin que yo pretenda ser “primus”), para ser preciso y evitar malos entendidos tuve que escribir este capítulo científico, un poco “seco”, destinado a especialistas y expertos. De ahí que lo llamé “Introducción”. Como humanista, para suavizar las aristas y hacerlo más “digerible” también lo llamé “Prólogo”, una licencia que no me atrevo a llamar poética y que tampoco aspira a lograr mis objetivos (por ahora). Hechas estas aclaraciones, el lector “común” o “normal”, si quiere puede saltar directamente al capítulo II y sumergirse en la acción o la historia propiamente dicha. La tarea de conservar la finalidad o el objetivo de este trabajo no le debe preocupar al lector; esa tarea queda a mi cargo.


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