Judit

¿Cuántas velas puede encender un niño

en la tumba de quien le enseñó a querer?

¿Cuántas sepulturas hará un niño

para la mujer que fue su “niñera, madre y tutora en el amor”?

Cuatro  y ninguna.

Una.

En la tierra, con el cuerpo hecho jirones por la explosión,

y un campo de tréboles rojos, marchitos.

Dos.

En el alma, cuando sus brazos de campesina,

el pelo largo y los ojos dorados,

lo abrazan y lo protegen de la soledad de familia.

Tres.

En su mente y en su cuerpo,

con su forma de niña mujer,

sus piernas como columnas de oro

que sostienen el campo más hermoso de tréboles,

donde él juega a encontrar el de cuatro hojas.

Cuatro.

En el rostro y en la figura de cada una

que sedujo, poseyó  y amó.

Y ninguna,

porque siempre está.

Con la mortaja que nunca cubrió

a su amada Judit,

cubrió su cuerpo de niño solo e indefenso,

como “una tenue gasa protectora”

que lo separa del  mundo, de la soledad.

Dentro de ella,

Fénix se reconstruyó.

Nito Biassi
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Una Respuesta to “Judit”

  1. A. P. dice:

    Bello, Nito. Bello como lo que te inspiró.

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