ESMA, espacio de la memoria

“Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía. Dijo, pues, Moisés: ‘Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza’. Cuando vio Yaveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó en medio de la zarza, diciendo: ‘¡Moisés! ¡Moisés!’. Él respondió: ‘Heme aquí’. Le dijo: ‘No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada. Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios”. Éxodo. III.

I. Para empezar, una salvedad:

a) En la convocatoria que me ha llegado para debatir sobre el futuro de las instalaciones de la ESMA se habla de “Espacio para la Memoria”. Yo concibo las instalaciones de la ESMA sólo como “Espacio de la Memoria”.

b) “Para” y “de” son dos preposiciones diferentes que articulan el discurso de distinta manera: la primera implica finalidad, fin o término de una acción, época o plazo en que se ha de ejecutar algo, uso o destino de una cosa; la segunda denota posesión o pertenencia natural, procedencia u origen, materia de que está hecha una cosa, contenido implícito.

c) En Espacio para la Memoria, la Memoria es algo que, para poder alojarse en un espacio previamente asignado, antes debe ser formalizada, modelada, adecuada de alguna manera; en Espacio de la Memoria, la Memoria es parte del espacio mismo: no hay Memoria sin Espacio, ni Espacio sin Memoria. Consubstanciales como, en el mundo de nuestros sueños, son el pan y el hambre, el agua y la sed, la luz y la sombra…

d) Sí, la acotación es oportuna: también consubstanciales como el amor y el odio, como la vida y la muerte…

II. Algunas aclaraciones personales:

· No mencionaré autores ni haré más citas que la que encabeza estas páginas, la de la Biblia, acaso uno de los libros más difundidos y, si se quiere, más populares en la historia de la humanidad. Para más inri, pluriautoral y mayoritariamente anónimo o de autores de dudosa o fantasiosa existencia, como los hacedores mismos de la historia, como la trama misma de la historia, desigual y combinada, torrencial, desprolijamente entramada, sin plan de Dios ni de un Comité Central en el mundo.

· Por supuesto, por detrás de estas páginas hay lecturas, autores, citas textuales, de las que me apropio, o casi textuales, pero siento un profundo rechazo por la citomanía que caracterizó tradicionalmente a la izquierda nacional y mundial, sarta fundamentalista de cultismos que traban todo diálogo, que impiden toda charla de igual a igual, porque se legitima apelando a textos sagrados que sólo manejan determinados sacerdotes y nunca el pueblo llano. Y no imagino otra convocatoria que una convocatoria al diálogo y el debate, un encuentro en la calle o en la plaza o en el café, asamblea de vecinos, asamblea permanente, si no, convocatoria a qué.

· En el pasaje bíblico citado se dan los elementos básicos que se me plantean como imprescindibles para abordar el tema de la ESMA: la permanencia, desde el simbolismo del fuego que arde y no se apaga; la convocatoria, desde el seno mismo de esa permanencia; la respuesta inmediata, espontánea, del convocado a la convocatoria; la relación directa, física, plena, total, entre el ser humano que se descalza y el espacio que pisa y recorre; la legitimidad histórica de quien, al convocar, invoca; la percepción de lo inconmensurable del hecho convocante, tan inconmensurable que hasta nos provoca temor.

· En otras palabras, digamos que más concretamente, parto de que, a treinta años del golpe militar de 1976, el sentimiento de horror permanece; la convocatoria proviene desde el seno mismo del horror y en el horror halla eco y se reproduce; este debate es una respuesta inmediata ante el horror; el horror vivido exige una relación directa con el tema, sin banalidades ni intermediaciones ni diluciones ni medias tintas; la legitimidad histórica de la convocatoria también surge del hecho de que los convocantes, como supervivientes del horror, invocan, entre otros, a las víctimas del horror; lo inconmensurable del horror asusta, porque a medida que nos acercamos crece, y nos deja sin palabras, al mismo tiempo que carga el silencio de palabras, tanto que el silencio es palabra…

· El trasfondo del pasaje bíblico –la liberación de un pueblo sojuzgado y la marcha del mismo hacia la Tierra Prometida– es también válido para este debate: el horror vivido en la Argentina a partir de 1976 es la “solución final” del Faraón de turno a una antigua lucha por la liberación popular y al sueño nuestro, el de los compañeros, de alcanzar una Tierra Prometida.

· Un dato interesante: en la Hagadá, el libro de la Pascua, enteramente dedicado a memorar el sufrimiento del pueblo esclavo y su salida del Cautiverio, se pide que cada uno que conmemore el hecho, sea en el tiempo que sea y donde sea, lo haga de manera como si él mismo lo hubiese vivido… No está mal…

III. Dicho lo dicho, algunas reflexiones:

1) Siento y comparto la necesidad de perpetuar el recuerdo del horror de la ESMA, pero antes, las cartas sobre la mesa: íntima y sinceramente, compañeros, porque sólo atino a dirigirme de este modo a mi universo más entrañable y malherido, el de los compañeros, no creo en que perpetuar el recuerdo de un horror, el de la ESMA, sirva para evitar nuevos horrores.

2) Al mismo tiempo, entiendo que evitar nuevos horrores en nuestro país y en el mundo entero debe estar en el centro mismo de este debate, como motivación, como profundo deseo.

3) En este sentido, el debate es el relámpago que brilla en un momento de peligro, cuyo centelleo remite firmemente al presente: presente tormentoso, donde el horror está presente, es presente, como umbral más inmediato del futuro, de un futuro que, por supuesto, imaginamos distinto.

4) Y el relámpago ilumina el horror actual y presumible en todos sus aspectos de destrucción del ser humano: desde las actuales cámaras de tortura del Imperio, hasta las actuales multitudes y las generaciones venideras condenadas al hambre y la exclusión.

5) Hasta ahora, siempre hemos perpetuado el recuerdo de conquistas para evitar nuevas conquistas; el recuerdo de genocidios para evitar nuevos genocidios; el recuerdo de crímenes para evitar nuevos crímenes… Pero no dejan de sucederse nuevas conquistas, nuevos genocidios, nuevos crímenes, en nuestro país y en el mundo.

 
6) Tampoco la perpetuación de fechas iluminadas nos aseguró la humana transparencia de vivir y, si en algo se mantienen, es bajo formas muy particulares y diferentes de las pensadas por los calendarios oficiales: el 25 de Mayo de 1810, de hecho, está más presente en los paraguas de cualquier día de lluvia que en las instalaciones del Cabildo… Son cosas que forman parte de nuestra vida diaria, esa que sabemos de memoria y no para la memoria…

7) Y, como dijimos, de evitar nuevos horrores se trata, cualquier horror, el que en estos mismos momentos acontece en cualquier lugar del mundo, sino por qué o para qué queremos las inatalaciones de la ESMA. Abundan en el mundo museos, monumentos, aniversarios… Pero, atiborrados los seres humanos de recuerdos y flacos de memoria, el horror continúa…

En este mismo instante de una tarde luminosa en la que me dirijo a ustedes, compañeros, en todos los rincones del planeta el horror existe, de mil maneras diferentes, en nombre de la victoria de unos sobre otros o a causa de la derrota de otros bajo unos, hasta hacernos sospechar que son las dos caras de una misma moneda, siempre falsa, siempre cargada de horror.

 
9) Y otra carta sobre la mesa: más allá de verborragias mentirosas o ireflexivas o autocomplacientes o autoengañosas, más allá de las conmemoraciones heroicas y de las retóricas en uso, pienso que el juramento de vencer o morir es, en definitiva, una forma de matar y ser muertos. Es la manera más fácil de quitarse de encima lo más difícil, es decir, la razón de todas las luchas: ese mandato poético-revolucionario de cambiar la vida.

10) A nosotros, que aún conservamos el reflejo de echar la mano a la cintura, que nos damos vuelta por si nos siguen, que en los bares bajamos la voz para hablar de ciertos temas, que en los momentos de desesperación envidiamos a quienes ya no están, a nosotros nos cuesta aceptarlo, pero no aceptarlo es parte del horror de matar y ser muerto, que no de morir, hecho triste, doloroso o simplemente conmovedor, si se quiere, inconmensurable, pero que nada tiene que ver con el horror.

11) Al respecto, una observación: el horror de la muerte surge como tal cuando la muerte se convierte en una forma de vida y no cuando la muerte acontece como parte de la vida, como pertenencia de la vida, como acontecimiento fundamental sólo equiparable al milagro del nacimiento.

12) En este sentido, digo no a las versiones heroicas de la muerte, ya que el heroísmo desnaturaliza el hecho natural de morir. En la tradición del Imperio de todas las épocas, el Héroe se define en relación a la muerte, generalmente violenta, en un combate desigual: su caída lo entroniza en el pedestal de la gloria, un pedestal que el tiempo se encarga de situar entre los cascotes de mármol y los matojos de hierba que finalmente cubren todas las ruinas.

13) A nosotros no nos convocan héroes ni invocamos héroes, sino ese otro heroísmo, si se quiere llamarlo así, que es el del día a día de combate desigual que padecen anónimamente los seres humanos en la lucha por sus derechos elementales: trabajo, comida, techo, salud, educación…, y en virtud del cual cada tanto dicen basta y, a menudo sin llegar a ningún lado, se echan a andar…

14) Pese a todos los prolijos planes quinquenales que nos tracemos para perpetuar, sólo perpetuaremos la presuntuosa vanidad de creer que eternizamos lo que todos sabemos que es efímero y transitorio y, a la postre, me temo que inútil. La historia misma de la humanidad es una historia de horrores y de nuncamases incumplidos. Acaso aceptar humildemente este rasgo horroroso de nuestra humanidad, de nuestra propia humanidad de argentinos como parte de la humanidad entera, sea el mejor punto de partida para cualquier intento de evitar nuevos horrores.

15) En efecto, el planeta está sembrado de monumentos perpetuadores que sólo se perpetúan como ruinas y hablan de una memoria en ruinas, por las cuales se cuelan nuevos horrores. Nuestra cultura está sembrada de teorías perpetuadoras que sólo se perpetúan como ecos de vanos intentos de explicar lo hasta ahora inexplicable y redimirnos de lo que, de una u otra forma, reiteramos. No sólo chocamos infinitas veces contra la misma piedra, sino que nos bañamos infinitas veces en el mismo río. Esta es la historia de la humanidad, esta es nuestra historia, esto somos: el río es de sangre.

16) Sin embargo, creo como nunca en la virtud –perdón por tan mala palabra– de rebelarnos contra cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo. Tampoco dudo de que nuestro lugar está donde están los humillados y ofendidos de la tierra. Tampoco dudo de que lo nuestro es buscar constantemente la redención, aunque nunca la alcancemos, ya sea como Tierra Prometida o como asalto al cielo. O como simple encuentro en el café o poema.

17) Pero mi punto de partida, para imaginar la ESMA como espacio de la memoria, es evitar la soberbia de la teoría mágica o de la fe eterna, ya sea laica o eclesial. Antes que las liturgias, las bases éticas del naide es más que naide. Antes que los afanes consagratorios de las gestas, antes que la inmortalidad de la épica, los derechos humanos más primarios y elementales: desde la libertad de vivir, amar, desplazarse, expresarse y participar libre e igualitariamente, hasta los básicos de la humanidad como especie: el pan, el techo, el abrigo, la salud, la educación…

18) Y atención, derechos humanos sin moneda de cambio: es imposible, inconcebible e inaceptable vivir, amar, desplazarse, expresarse y participar libre e igualitariamente sin pan, techo, abrigo, salud, educación… Ya mismo y para todos… Éste debe ser el centro del espacio de la memoria, de las instalaciones de la ESMA como espacio de la memoria.

19) Porque si nos ofrecen la Casa Rosada, ¡no!… Porque si nos ofrecen la Casa Rosada + Campo de Mayo, ¡no!… Ni la Casa Rosada ni Campo de Mayo ni las instalaciones de la ESMA ni nada valen lo que un plato de sopa para un chico hambriento…

20) A la vez, en la lucha contra los poderosos –mercaderes de todos los templos, ya sean éstos de izquierda o de derecha–, pienso que lo peor que nos puede pasar es mimetizarnos con los faraones de turno y convertirnos en poderosos: mercaderes de los nuevos templos, esos que, en todos los tiempos, en nombre de todas las causas, una vez que agarran el látigo, no lo sueltan. Y vuelven a castigar las espaldas de nuevos humillados y ofendidos, porque ese es el sentido del látigo. Ese es el poder.

21) Y como sabemos que lo nuevo no se construye con las armas melladas de lo viejo, nosotros no necesitamos más poder que la búsqueda permanente de la Tierra Prometida, leche y miel –alimento y dulzura– para todos. O el constante asalto al cielo. O la ininterrumpida charla en el café. O el poema permanente.

22) Por eso, mirarnos en los ojos de nuestro prójimo acaso sea la mejor forma de mirarnos a un espejo donde nos veamos tal como somos: seres precarios, vanidosos, inconstantes, mezquinos y efímeros, con las manos sucias de sangre y una sonrisa que quisiera pero no puede desentenderse de las manos. Porque la humanidad está hasta las manos. Porque el planeta está hasta las manos. Porque nosotros estamos hasta las manos.

23) Pero nosotros también somos quienes soñamos con un mundo diferente, con el hombre nuevo, sabios en el constante apredizaje, niños ante el asombro de la vida y justos en la búsqueda del naides más que naides, y en esto también estamos hasta las manos, pero esta vez afortunadamente.

24) Si me pregunto para qué las instalaciones de la ESMA, mi respuesta más espontánea es esta: las instalaciones de la ESMA como caja de resonancia del horror, de todos los horrores, el nuestro y el del prójimo, el que aconteció y el que acontece, compañeros, en este mismo instante de una tarde luminosa, en todos los confines de la tierra y de nuestro corazón. ¿Para que no vuelva a ocurrir?

25) Sí, para que no vuelva a ocurrir, aunque ahora mismo, en este instante de una tarde luminosa, está ocurriendo y, ¡ay!, creo sinceramente que, como todos tememos, volvió a ocurrir, volverá a ocurrir. Basta reconocer la sombra del sin techo que ronda el interior de la casa que habitamos…

26) Pero también las instalaciones de la ESMA como caja de resonancia de todos los sueños de Tierra Prometida o asalto al cielo o charla de café o poema, para la elaboración de nuevos sueños, para volver al camino con la adarga al brazo, con la adarga que, oxidada y en desuso, sólo es un símbolo de esa vocación nuestra de desfacer entuertos y vamos todavía…

27) La única Tierra Prometida es sólo la búsqueda constante pero infructuosa de la Tierra Prometida. El único asalto al cielo es el segundo previo a la caída. Acaso la insistencia es nuestra única victoria posible.

28) Hablo de las instalaciones de la ESMA como caja de resonancia, por lo tanto vacía, sólo poblada por el vacío que deja el horror, pero también poblada del horror al vacío, en el cual, por eso, quien sepa o quiera oír percibirá el eco desgarrado de los huracanes del quejido, los pasos, los alaridos, los coches, los camiones, las voces de mando, las cadenas, los grilletes, los llantos, las palabras últimas, las despedidas para siempre…

29) Sí, siempre alguien se nos cruzará por los pasillos de la antigua ESMA y nos dirá: “¿Oíste? Como si fuese hoy…” Y sí, es hoy, es ahora…
30) Y, por qué no, también son hoy y son ahora las risas de los chicos jugando a la pelota: acaso algún buen maestro de escuela nos enseñe que todo triunfo es pobre triunfo pasajero, excepto la alegría de correr, patear, cansarse, sudar, sentir la sed que sólo el agua calma y el apretón de manos que sólo la amistad anuda y el sol en la espalda y, por fin sin mundiales del 78, en paz… Eso, compañeros, en paz…

31) Claro, también hay un rincón para las fotos, los poemas, los recuerdos, los cuadros, las obras de teatro, las charlas, las películas…

32) También hay una pared para escribir los nombres…

33) También hay una pared para los grafitis…

34) También hay un libro para los visitantes…

35) También hay una pared blanca que sólo es eso: una pared blanca…

36) También unos espacios para servicios sociales gratuitos…

37) También un rincón para los choripanes…

38) También una tarimita para que cualquiera se pare en ella y diga lo que se le cante decir y sea escuchado por quien se le cante escuchar…

39) Pero todo en un espacio de la memoria transparente, presente, vacío de eternidad: sin homenajes, sin retóricas, sin discursos, sin héroes, sin mármoles ni bronces, sin medallas, sin pedestales, sin comandantes, sin demasiadas citas bibliográficas, sin placas, sin linajes, sin aureolas…

40) Pero todo en un espacio de la memoria transparente, presente, vacío de todo, excepto los sueños, excepto la realidad: los problemas cotidianos de la gente, la única vida en serio, que es la de todos los días…

41) Porque las ceremonias sólo sirven para desdibujar y escamotear lo que importa: la continuidad de los hechos, de las generaciones, de nuestras propias vidas, de nuestros mejores sueños.

42) Porque lo que acá ocurrió probablemente ocurrirá si el horror se acota en un recinto, en una sala, en una vitrina, en un panel, en una dictadura, en una páginas del libro de historia… Lo nuestro es ese desierto que siempre estuvo y estará poblado, que sólo sabe echarse a los pies del cielo, ese viaje infinito y, por favor, multitudinario, compartido…

43) Porque, en las instalaciones de la ESMA y sus alrededores planetarios, no hay que ser experto rastreador para seguir las huellas que están tan frescas… Ni un solo paso sin reconocerlas: ellas tienen la impronta de nuestros pies.

44) Porque así, las instalaciones de la ESMA, sin ninguna aparatosidad institucional ni partidaria, acaso extraterritorial, como patrimonio de la humanidad, pueden ser espacio de la memoria y sólo eso, que es mucho, tan grande como el infinito territorio liberado de la vida misma…

45) Duele, por cierto, me duele, nos duele, y cómo, porque en cada corazón siempre hay una fecha imborrable, un lugar preciso, un nombre entrañable. Pero algún día, alguien se acercará al libro de visitantes y escribirá: “He vuelto de muy lejos… ¿Lejos de dónde? Amé tanto que ni la muerte me aguanta”, y firmará vaya a saber con cuál de los 30.000 nombres, de los incontables nombres…

46) Y nunca más… nunca más… nunca más… ni siquiera ayer, ni ahora ni mañana, aunque sepamos que sí, que puede ser, que es muy probable…

47) Hoy, compañeros, es siempre todavía, y mañana ni les cuento… Acaso lo logremos: al menos, nuestros hijos, vestidos, calzados, alimentados, atendidos, escolarizados, cuidados, privilegiados únicos, único presente del futuro, acaso ellos se reirán de la leyenda negra donde lloraba un hombre solitario…

48) ¿A que da gusto oír sus risas?

Alberto Szpunberg
El Masnou, 1º de mayo de 2006.

 

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