La otredad del animal y la máscara del simio

Pablo Urbanyi, que nos honra con su presencia, es un escritor argentino de origen húngaro, residente en Ottawa desde 1977.  Su vasta producción ha sido el objeto de tesis y otros estudios universitarios en Argentina, Estados Unidos, Australia y Francia. En sus obras aborda los problemas que aquejan al mundo actual con pluma acerada y fino humor. Las reflexiones sobre la condición humana y el Otro no dejan de estar presentes en sus escritos. Tal es el caso en Silver, la novela que presentaremos y que ha sido finalista del Premio Planeta en 1993. En ella el autor se vale de un simio para revelarnos rasgos chocantes de las sociedades ricas y poner en duda el saber científico que coloca al hombre en la cúspide del proceso evolutivo y fundamenta así las creencias del sentido común y el ejercicio de un poder arbitrario.

El personaje protagónico de la novela es Silver, un mono atípico, blanco y de ojos azules, trasplantado, por la pareja de los sociólogos Foster, de su África natal al mundo  presuntamente civilizado de los Estados Unidos, con el objeto de estudiar su capacidad de aprendizaje y adaptación al “medio enriquecido”. Como en toda historia de animales, Silver toma la palabra para contarnos su vida. Su relato oral será trascripto por Marco, un exiliado del Sur, argelino-argentino, sensible, en tanto inmigrante, a la problemática del cambio de medio.  Esta novela “se inscribe pues en el género secular de la fábula”, pero no tiene un fin moralizante, como es el caso en la mayoría de ellas, sino de denuncia de los aspectos criticables de las sociedades humanas, y en particular de la sociedad norteamericana. El narrador observa a los hombres a través de la mirada de un mono, quien de ser objeto de observación para los científicos, pasa a ser observador de los humanos y de otros simios humanizados. La relación hombre-animal, que admite la  superioridad de los hombres, es refutada por Pablo Urbanyi en beneficio de la superioridad del mono y particularmente de Silver.

Introducido en la familia americana de los Foster, Silver asimila los comportamientos humanos con rapidez y desarrolla una sensibilidad aguzada, lo que le permite sobre-adaptarse a la sociedad que lo acoge. La inteligencia y sensibilidad que exhibe Silver con respecto al americano promedio se vuelven “molestas” e irritantes. Silver no es un mono como los demás y tampoco es un hombre. Es un híbrido con apariencia de mono y atributos humanos. Su presencia en el seno de la familia americana crea desórdenes que hacen peligrar su estabilidad hasta destruirla. Por eso será expulsado del falso Paraíso con destino a su medio natural: la selva africana. La readaptación ya es imposible y retorna por propia voluntad al “medio enriquecido” sin lograr una auténtica integración.

Normalmente, se admite que el hombre es el resultado de la evolución que arranca con los monos, e incluso con formas de vida más elementales. En la novela de Pablo Urbanyi se opera una inversión total del esquema clásico, y de esto surge una sensación inquietante, lindera con lo fantástico. En Silver el proceso de aprendizaje de los comportamientos humanos va de los gestos más simples de la vida cotidiana, como cepillarse los dientes, a la expresión de sentimientos amorosos, y de la melancolía causada por la angustia existencial. Con la inversión de roles entre los miembros de la familia y el simio se da la ruptura del orden establecido. Los hijos de la familia de los Foster, con la capacidad imitativa propia de los niños, adoptan el andar del simio y sus gruñidos. Dianne, la esposa de  Gregory Foster, también socióloga, se enamora poco a poco de su protegido y se siente correspondida, sugiriendo una relación antinatural, prohibida, que atenta contra la moral americana.

Las relaciones entre el Yo (humano) y el Otro (animal en esta caso) constituyen la temática principal en torno a la cual gira la novela. Dichas relaciones  son complejas y cada grupo mantiene sus atributos, a pesar de contaminaciones pasajeras: mono/Hombre (Silver) o Mujer/mona (Jane). Cada uno conserva una huella, una memoria de lo que ha sido y no puede asimilarse totalmente al Otro.

Esta tensión entre dos identidades próximas y a la vez diferentes, puede interpretarse como una metáfora de la relación entre los nativos de un país y los extranjeros al mismo, léase norteamericanos  e inmigrantes latinos.

¿Qué significa ser Otro? El Otro es siempre percibido como un ser inferior y hasta peligroso, susceptible de alterar las normas de la sociedad que lo acoge. Al poner en escena a un mono, el narrador plantea un caso de diferencias insalvables que hacen imposible la integración y enriquecimiento mutuos.

En otro plano, la animalidad de Silver le permite al ser humano integrar lo Otro del psiquismo, su parte instintiva y misteriosa. A este respecto es muy interesante la afirmación “Silver soy yo”, en boca de Marco, el amigo transcriptor de las memorias del simio. Esa expresión implica “una identificación confusa con el animal” y un reencuentro con “un rincón cálido, acogedor, que ha desaparecido para siempre”. Lo que domina es la ambigüedad como lo declara Marco:

“Hablar de una ambigüedad de mi parte, una duda, como cuando uno está frente a un loco dado de alta, o a un idiota que esgrime su certificado de inteligencia, por lo menos al principio de su relato, sería lo más apropiado”, (p.13).

 Marco, el narrador de segunda mano,  se identifica oscuramente al hominoide Silver. Y el narrador primero se identifica voluntariamente con la imagen simiesca, es el simio, para rebelarse contra el orden, y cambiar el mundo, cambiarse a sí mismo y al otro, modificar la concepción del amor y de la muerte.

Los científicos se preguntan si Silver es un ser racional, cuestión ya abordada en la novela francesa de Vercors, “Les animaux dénaturés”. En dicha novela, los hombres discurren sobre la naturaleza de un ser híbrido, producto de la cruza entre un hombre y una tropis, un eslabón perdido próximo al hombre. En la novela de Pablo Urbanyi la naturaleza de Silver despierta dudas en los humanos y en el propio Silver, quien además observa la naturaleza humana, poniendo en evidencia sus defectos y aspectos ridículos.

Identificado con el extranjero, se cuestiona también sobre su identidad: “soy un americano o no”. La novela evoca así el problema ontológico, y señala, además, los conflictos identitarios  del protagonista, parodiando los conflictos de los migrantes del mundo actual. Para sentirse integrado Silver deberá adaptarse totalmente a lo humano, entiéndase a lo americano, con renuncia a su ser primero. Y, cuando tiene la oportunidad de recuperar su naturaleza originaria y su “cultura simiesca”, ya no puede. A lo largo de la historia Silver trata de comprender y elaborar su ambivalencia, su entre-dos, su condición de simio entre los humanos, sin ceder a fáciles identificaciones.

Ese entre-dos, está sugerido de múltiples maneras y en el discurso de los diferentes personajes y narradores.

Silver detuvo sus ojos sobre mí y, echándose hacia atrás, sonrió. Ya no me cupo ninguna duda de que poseía todos los atributos y adornos del ser humano. Apenas hubo comenzado su relato, la duda que me hubiera podido quedar sobre su capacidad y nivel mental, también desapareció”, dice Marco, (p.16).

“Sí, no cabe duda que, sin que me diera cuenta en ese momento, durante esas observaciones surgió mi raciocinio, mi capacidad de comprensión y, dicho sea entre comillas, se desarrolló mi “cerebro humano”, dice el propio Silver, (p.23).

Al igual que los hombres, Silver, el humanoide de Pablo Urbanyi tiene conciencia de la muerte y diserta sobre la vida:

Marco, dime que eso que ustedes llaman vida es una porquería. Confiésalo, que es precaria, que es frágil, que pasas por la vida sin dejar una huella…Reconoce que la vida es un sueño, que la gente no existe, que es mejor no nacer”. (p.183).

El suicidio de Zopenhauer, el mono filósofo, la  capacidad de proyectarse en el futuro, de hacer planes, son atributos específicamente humanos, que posee Silver. Así en la p.149, manifiesta el deseo de huir, en busca de un Paraíso inexistente, de un lugar en el mundo donde reinela Pazyla Felicidad.

Silver queda en un entre-dos, lo que genera un inevitable inconfort y hace surgir su melancolía. Ya no será un mono, pero tampoco un hombre, a pesar del aprendizaje al que fue sometido. Quedará entre dos aguas. La continuidad entre lo humano y lo animal, así como el puente entre África y América del Norte, se rompe. Nada lo espera en la otra orilla, en ninguna orilla, queda entre-dos, se enfrenta al silencio de la otredad. La cuestión de la diferencia es irresoluble.

La discriminación hacia Silver, ese ser “inclasificable”, es incluso  practicada por los hijos de Gregory, el sociólogo,  a través de expresiones insultantes: “Mono de mierda” o ”Negro de mierda”, subrayando el parentesco del mono con la llamada “raza negra”, siempre  humillada y explotada. Pero Silver, aunque no se exprese verbalmente (lo hace con las mujeres y con Marco por razones afectivas) tiene la misma capacidad de observación y reflexión que los humanos, si no aún mayor, y es consciente de su superioridad. A veces se identifica con los demás  y otras veces se autoexcluye ofendido y triste.

Cabe señalar que esta problemática de la discriminación es de candente actualidad en Europa, donde “La reconduction a la frontière” es una práctica corriente, y corresponde a “La operación retorno” al África, prevista para Silver y los otros simios.

El proyecto utópico de retorno al África fracasa en el caso de Silver, quien no se readapta, y añora los chicles, el Mac’Donald, e incluso a su sádico tutor Gregory. Con la astucia y sentido de las oportunidades que lo caracterizan, cambia de sexo, y adopta las conductas esperadas por las autoridades, “agita una banderita americana” para volver a Estados Unidos, mundo nuevamente idealizado desde la selva. En estas idas y venidas reconocemos los conflictos identitarios que genera la pertenencia a dos universos diferentes, exacerbados en este caso por la naturaleza animal del protagonista.

Las relaciones con los personajes femeninos implican mayor empatía que las establecidas con el género masculino, excepto Marco, porque entran en juego otros factores.

Las mujeres escapan al tratamiento desvalorizante que sufren los hombres, porque Silver se siente amado y deseado por ellas. Dianne, la esposa de Gregory, es científica también, pero es más sensible que el marido, “Se ponía a soñar o, de pie, a mirar la ventana”. Dianne cumple en un primer momento un rol materno, brindando a Silver una educación tanto práctica como espiritual. Le transfiere las angustias existenciales del hombre, la conciencia de la muerte, y al mismo tiempo le ofrece el paliativo de la religión. Esta empatía mutua desemboca en una relación erótico-sentimental, en una pasión prohibida, que perturba el equilibrio familiar. Los contactos sexuales, delicadamente sugeridos, son espontáneos y no tienen un objetivo experimental, como es el caso en “Les animaux dénaturés”, de Vercors, quien explora la viabilidad del cruce entre las especies.  En la novela que nos ocupa, cobra más importancia la dimensión psicológica (la humanidad) del simio y las relaciones afectivas entre éste y la hembra humana.

La segunda mujer que interviene en la vida de Silver es Jane, otra científica, que prepara un doctorado. El narrador muestra cierto escepticismo en cuanto a la utilidad de esos trabajos pretenciosos y, a través de Silver, va a brindar a los científicos un conocimiento basado en la experiencia, que trastocará sus frías hipótesis. Así Dianne se vuelve loca de amor, y Jane, en su intento por penetrar el misterio del “ser simio”, se vuelve mona. Estamos frente a los desbordes emocionales de dos científicas que pierden, una la cabeza, y la otra, su humanidad civilizada. Lo que se destaca en estas dos experiencias amorosas es la ambigüedad de sentimientos, hecha de temor, curiosidad, amistad o amor, que vinculan a las mujeres con la bestia. En estas relaciones subyace el mito de Tarzán, el Hombre-Mono, de King-Kong, el gorila enamorado de Ann, y dela Bellayla Bestia, que se transforma en Príncipe gracias al amor de una mujer.

Jane conoce una evolución extraña. A medida que profundiza su conocimiento de los simios, adopta su comportamiento, y sufre una suerte de metamorfosis fantástica: adopta el andar de los monos, pierde el lenguaje y se vuelve completamente irrecuperable para la civilización. El fenómeno no deja de ser cómico. Jane observa el mundo desde un nido entre los árboles. “La miré, caminó en cuclillas, se colgó del alambrado y se quedó observando hacia afuera o mucho más  allá. Cuando habló su voz sonó extraña…” (p.339).

En definitiva la distancia entre el mono y sus partenaires femeninas  parece ser menor. Cuestión de sensibilidad o de inteligencia emocional y misterio de la atracción entre los sexos. A través de estas  mujeres transgresivas, aliadas de Silver, el narrador socava los principios de una cultura mojigata.

Otro personaje que libera la palabra de Silver es Marco. ¿Pero quién es Marco? La identidad de Marco es poco clara, “también debería ser de allí”, ese “allí” ambiguo no es África sino Argentina. El guardián de la prisión, un tal Alberto, se revela ser también argentino, y con él Silver habla de la pampa y del mate. Nos preguntamos de dónde es realmente Silver. ¿De Gabón o de América del Sur? El caso es que el lector argentino expatriado se siente identificado con todos ellos e indirectamente con Silver.

Cada capítulo, salvo los cuatro primeros, se inicia con un relato en tercera persona y termina con una escena en bastardilla, introducida por los comentarios de Marco acerca de las actitudes y estados de ánimo  de Silver al final de su vida. La función de Marco es primordial, pues escucha a Silver, como lo hiciera Jane, en un rol de terapeuta y amigo, con el fin de transmitir sus memorias.

Dichas escenas, situadas al final de casi todos los capítulos, pueden ser muy breves u ocupar varias páginas, y nos brindan mucha información ya “elaborada” sobre lo vivido por Silver. Así nos enteramos de que finge ser paralítico, acumulando elementos discriminatorios, para aprovechar las bondades del sistema. Sistema cuyas contradicciones señala “…aunque no me dejen serlo, a toda costa quieren que me parezca a un ser humano, a uno de ellos”. Cortázar decía que aunque fuese un extranjero bien adaptado, guardaba un sentimiento de “extrañeza” en Francia. Silver también conoce ese sentimiento y lo resuelve yéndose a refugiar a la cima de un árbol, como en tiempos de su niñez-simia, desde donde filosofa sobre el sentido o sinsentido de la vida.

¿Quién es el otro? ¿Quién es el hombre? ¿Quién es Silver?

Silver es la máscara que adopta el narrador para señalar y cuestionar creencias muy arraigadas en las sociedades “enriquecidas”. Silver es también una metáfora de los inmigrantes pobres, considerados como sub-hombres o infra-hombres. Para integrase, éstos deben responder a un patrón único. El que quiere sobresalir acaba aplastado y desposeído de sus potencialidades. El resultado de estas elucubraciones es más bien pesimista y sugiere que queda mucho por hacer para instaurar la fraternidad entre los hombres. Por otra parte, el grupo de monos devueltos a la selva reproduce las conductas humanas, sus vicios y virtudes. Sólo Silver  hubiera podido modificar las cosas, pero no tiene la fuerza para hacerlo, y vuelve a la malentendida civilización derrotado y sin ilusiones.

Al mismo tiempo, la máscara del mono facilita la expresión de las angustias metafísicas que habitan al ser humano. Silver, el alter ego del narrador, representa lo simiesco y feo que, en la novela, se revela ser por inversión la mejor parte de sí mismo. Se parece tanto a los humanos que les devuelve como en un espejo una imagen degradada de sí.

El humor que impregna el texto le permite al narrador distanciarse del “medio enriquecido” y criticarlo, atreviéndose a formular con palabras impertinentes, verdades que el lector comparte, sin que se le haya ocurrido enunciarlas. Al descubrir etiquetas, definiciones hilarantes, audacia en el decir, el lector no puede menos que sonreír, sintiéndose cómplice del narrador. Es el efecto logrado en todas las historias de animales. El lector experimenta una empatía con esos seres en los que ve proyectadas sus ideas y sentimientos. Los momentos intensamente poéticos que jalonan el discurso no suprimen el tono pesimista que se apodera de la novela hacia el final, pero hacen más llevadera la farsa de la vida:

observé la jaula por última vez; descubrí que muchas ramas se habían metido como serpientes en la jaula y de una de ellas había brotado una flor”, p.229.

Finalmente, a través de la inversión, los juegos de identificaciones y la máscara del gorila, Silver pone en evidencia los aspectos alienantes de la sociedad americana y la visión reductora y conservadora de los científicos “darwinistas”, en sentido ortodoxo y sin matices, cuyas teorías, enunciadas en vanidosas tesis, refuerzan la actitud discriminatoria  de la gente común. El narrador de Silver  nos propone una teoría  de evolución a la inversa. El hombre no desciende del mono, hipótesis ya explotada por Lugones en su cueno “Yzur”, sino el  mono del hombre, y es susceptible de mayor “humanidad”, por así decirlo. De este modo Pablo Urbanyi hace peligrar, a través de la ficción, las convicciones y las instancias (como el medio académico) que fundamentan la superioridad del hombre y legitiman su poder.

La reflexión filosófica que recorre toda la novela gira en torno a la evolución y destino del hombre,  la problemática vida /muerte, de la cual el hombre es consciente, y que el mono observa y analiza a su modo, tomando  valientemente la palabra para legarnos sus memorias.

Sólo la transmisión de su experiencia vital, a través del relato oral que de ésta realiza a Marco, su par en materia de exilio, puede consolarlo, ser de utilidad para otros, y justificar así su trayectoria vital.

Conclusión

Nos preguntamos por qué P. Urbanyi ha elegido un mono blanco y no otro animal como protagonista de la historia.

El diccionario de símbolos dice que Thoth, el dios de la sabiduría, se presentaba con la cabeza de Ibis, pero también como un viejo y blanco babuino, sentado detrás del que escribe textos importantes e inspecciona sus trabajos.  En el caso de la novela que nos ocupa este símbolo es muy productivo, puesto que Silver  es, como los monos blancos  del Antiguo Egipto,  un sabio.

Doble o alter ego del autor, Silver, como buen filósofo, prefiere finalmente conformase a la imagen que los hombres tienen de él, sin tratar de sobresalir ni cambiar las cosas, sólo cuestionarlas en el plano verbal.

Con el humor que lo caracteriza, y con una prosa lírica, Pablo Urbanyi renueva la polémica acerca de la definición de lo humano, en un mundo de dudosos valores morales, dando protagonismo a un hermoso y enternecedor mono blanco, símbolo de la sabiduría, que siempre descubre alguna flor.

Cristina Madero

Université de Poitiers

Bibliografía

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Lojo, Maria Rosa, reseña crítica.

Lorenzin, María Elena, “El humor como resolución de lo imposible en la obra de Pablo Urbanyi”, Editorial Pliegos, Madrid, 2007

Madrazo, Jorge Ariel, reseña crítica.

Página 12, 11 de Enero de 2009, “Una novela contra el sueño americano”, entrevista al escritor Pablo Urbanyi.

Renaud, Maryse, “La mónada solitaria y el cambalache útopico”, (lectura de Silver, de Pablo Urbanyi).

Urbanyi, Pablo « Silver »,  2da ed. Catálogos, Buenos Aires, 2008, 256 p.

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Una Respuesta to “La otredad del animal y la máscara del simio”

  1. Voncile dice:

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