2058, en la Corte de Eutopía

Relato verídico, Bs. As., Catálogos. 1999. 222 págs.

2da, edición, 2001

 

La cultura europea nunca ha sido tan aclamada como en nuestra época. Desde los discursos políticos hasta los spots publicitarios ofrecen imágenes de una (futura) comunidad europea como verdadero “eu-topos”, o sea, como un ¨lugar bello¨ donde reinan la cultura multinacional y, por ende, la alegría y la paz, la libertad, la comprensión mutua y un largo etcétera de valores provenientes de la mezcla entre la political correctness y la Spaßkultur, como se llama en Alemania la actual subordinación de la cultura bajo el efecto de la diversión.

¿Qué será de esta  “(e)utopía” si todo sigue su curso? El conocido escritor argentino-húngaro-canadiense Pablo Urbanyi acaba de presentar su respuesta a esta pregunta, enfocándola con la clarividencia incómoda frente a los tópicos posmodernos de la que ya dio testimonio brillantemente mordaz en sus novelas Silver (1994) y Puesta de sol (1997).

Ahora, la novela 2058, en la Corte de Eutopía  narra la historia de Danilo, un escritor mediocre y algo dado a la bebida –y bastante agobiado por su mujer y sus deseos de tener un horno microondas–, que de repente es invitado a asistir al banquete del Centésimo Aniversario de la Comunidad Eutopía. Un tanto decepcionado, pues recibe esta invitación no en su calidad de “Gran Escritor”, sino de “Perfecto, Alegre y Feliz Consumidor”, Danilo acepta. El banquete, celebrado en un lugar que recuerda el de una gala televisiva –todo de cartón y de plástico–, se desarrolla de modo previsible: muchos discursos y mensajes, muchas personalidades importantes, chicas guapas en trajes históricos más o menos sugerentes, música, vídeos, premios, finalmente el banquete. Pero la alegría de los comensales se interrumpe bruscamente: detrás de las ventanas, ojos de buey que ya antes habían hecho pensar a Danilo en una nave, aparecen las caras desfiguradas de “los feúchos” –la masa hambrienta–, y la irritación general que provocan se aumenta acto seguido por la noticia de que el agua está entrando por todas partes. La nave se hunde… y Danilo despierta en casa. Con un apéndice agregado por el Editor, ¨La Confesión de El Poeta Arrepentido que se Encontró a sí Mismo y a su Ser¨ termina este “relato verídico”.

El libro de Urbanyi entronca en la mejor tradición de la literatura satírica y anti-utópica. Pero mientras durante el pasado siglo XX, abrumados por las experiencias catastróficas de la época moderna, autores como Huxley y Orwell intentaron advertir contra los peligros del totalitarismo político, Urbanyi da el toque de alerta ante el absolutismo económico. Las empresas internacionales y sus intereses ubiquitarios configuran la condición de posibilidad para el auge del discurso de la multiculturalidad y, aún más, imprimen su sello a la cultura misma, que ya no aparece sino como otro segmento del mercado, como especie de plataforma publicitaria para productos que ya en nada se distinguen de los demás productos de consumo. El caso de Disney Productions, celebrado en uno de los discursos del banquete de 2058 por haber comprado el museo de El Prado y el Louvre y por planear junto con McDonald’s una serie de cambios en pro de la “alegría y felicidad de los chicos y grandes”, se convierte así en cifra del nuevo tipo de industria cultural tan aplaudido por políticos, intelectuales y artistas:

“Incluso la promoción para popularizar aún más los EutoDisneys o McEuto’s, se hará dentro del estilo rigorosamente Eutopeo. Por ejemplo: se dejará la Torre Eiffel pero sus arcos que recuerdan a los de McDonald’s serán pintados de amarillo. También está en estudio, más creación de trabajo, alegrar algunos monumentos tristes y deprimentes como la tumba del Soldado desconocido o la Piedad de Miguel Angel.” (p. 128)


Por más que la historia dice desarrollarse en el futuro, el mundo narrado guarda ante todo una relación de semejanza con el presente. Es así como entre los comensales destacan conocidos políticos europeos, y los discursos presentados con tanta pompa durante el banquete no hacen sino parodiar los que ya hoy en día se suelen escuchar en eventos de este tipo –convenientemente escenificados según las exigencias televisivas– por la boca de autoproclamados promotores de una cultura cuyo valor se mide por criterios más o menos veladamente mercantiles. Urbanyi hace deconstruirse estos discursos a sí mismos, acentuando sus fórmulas huecas y sus muchas referencias a los intereses económicos propios y ajenos. Mejor dicho, los discursos revelan a cada frase la íntima vinculación entre la noción de la cultura como “empresa” y las empresas propiamente dichas. El lector llega, por ende, a simpatizar con Danilo por el simple hecho de que representa en este coro uniforme la única voz disidente. Personaje de carácter común y corriente y de una posición social marginal respecto de las eminencias presentes, observa el espectáculo con un escepticismo creciente que se debe a una mezcla muy humana de envidia, asombro, necesidades físicas insatisfechas y desengaño – una mezcla que acerca a Danilo al clásico pícaro y su mirada crítica de la sociedad desde la perspectiva no de una oposición fundamental –como tal muy fácil de desechar–, sino de la desilusión por experiencia propia.
La subversión “desde dentro”, que recién permite la revelación entre apariencia y ser, es también la estrategia adoptada por el narrador de 2058, que se limita a presentar, a veces hasta en un tono comprensivo, el banquete, las vivencias y los pensamientos de Danilo, dejando al lector la tarea de sacar las conclusiones. Así, el libro de Urbanyi ofrece varias posibilidades de lectura. Puede leerse como un relato cómico –hay muchas escenas que harían la delicia de cualquier sitcom–, como ciencia ficción o como sátira costumbrista del tinglado de las celebridades. Mas cada una de estas lecturas encierra un tipo de garfio: hace reflexionar. Y la reflexión conduce al reconocimiento inquietante de que la cultura efectivamente se parece más y más a un gran show promocional del consumo fácil, a un mercado dominado por los global players que encubre la realidad bajo el brave new world de la virtualidad alegre y las instalaciones multimedia, de los discursos multiculturales y las imágenes autorreferenciales. El paralelo insinuado con la orquesta de baile que tocaba como si nada hubiera ocurrido mientras se hundía el Titanic no está fuera del lugar. Y tampoco lo está la convicción de que la literatura, tomada en serio, finalmente debe irritar a los felices y alegres consumidores y correr así el riesgo de quedar fuera de las listas de los best-seller. “No vale la pena escribir si no se escribe en contra”, afirma el propio autor citando una frase de Roa Bastos. Es por esta razón, o sea, su noción y su práctica de una literatura fiel sólo a sus propias metas, que 2058 –que no ha dejado de suscitar reacciones furibundas– tendría que convertirse en lectura obligatoria para todos los que de una u otra manera participamos en el mercado de la cultura, llámese eutopea o argentinutópica, o como se quiera.

Katharina Niemeyer
University of Frankfurt

 

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