El zoológico de Dios II

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El año 2010, El zoológico de Dios  de Pablo Urbanyi (2006), fue editada en francés  por  la prestigiosa editorial Actes Sud,; en Buenos Aires apareció la reedición de Un revólver para Mack,  su primera novela de 1975 y también  El zoológico de Dios II, novela a la cual me referiré en las líneas que siguen.  Me interesa señalar algunos aspectos que me han interesado especialmente,  en el bien entendido que éstas son sólo notas para un asalto más estructurado a un texto rico y profundo (1).

Urbanyi ha utilizado epígrafes en varias de sus novelas: creo que el lector debe recordar las obras de las cuales proceden porque ellas son correlatos de las narraciones y nos ayudan en nuestra comprensión del texto;  las citas inscriben el mundo imaginario en una tradición pero al mismo tiempo, lo diferencian de ella.

La primera parte de El Zoológico de Dios II trae dos epígrafes: El primero, es de Middlemarch, de George Eliot: “De hecho, el mundo está lleno de esperanzadoras analogías y de huevos tan hermosos como inciertos llamados posibilidades”; es la reflexión de un personaje que busca su orientación en la vida. Antes de esas líneas, se nos dice que: “…todo desarrollo es una sucesión de disfraces, así como de la perfección de formas que se esconde en indefensos embriones”.   A lo largo de esa obra, hay personajes que viven de posibilidades, sin nunca enfrentar, realmente, su presente (2). 

El segundo epígrafe es de los Ensayos de Montaigne: “Pero, no sé cómo, somos de tal manera dobles, que lo que creemos no lo creemos y no podemos deshacernos de lo que reprobamos”.  Viene del cap. XVI: De la gloire  de la II parte en el que, entre otras, hay consideraciones sobre una reflexión de Epicuro: Esconde tu vida. Se refiere a la dualidad del ser humano y sus contradicciones .

El epígrafe a la II Parte, Buenos Aires, también es de Montaigne, del mismo libro II, del cap. XII, la Apologie de Raimond Sebond ,  que tiene múltiples implicancias. En lo que se refiere a la cita, sobre todo, con Heráclito: “El día de ayer muere en el de hoy y el de hoy en el de mañana, sin que nada quede que sea continuamente lo mismo ”.  Para Montaigne todo está en movimiento perpetuo, todo cambia. El hombre se inclina sobre sí mismo que es lo inmediato y lo que puede ver cambiar pero desea al mismo tiempo estabilizar, por eso dice también: Déjenme cambiar para que llegue a ser. 

La narración de El zoológico de Dios II, que debemos a una memoria débil de alguien en el hospital o tomando un ron, está presidida por una convicción: que  “más que de carne y huesos, estamos hechos   de deseos no realizados, recuerdos de episodios irrepetibles”. El ritmo está bien marcado y va señalando el aprendizaje de Fénix que se busca, que cree encontrarse y que se pierde para recomenzar, en una sociedad en involución.  La sensación de insatisfacción del personaje está lograda gracias a esas recurrentes ambigüedades en una búsqueda de la perdida felicidad en la infancia. Hay un buen equilibrio entre las partes: las grandes penas y los amores, las grandes penas y los horrores como asimismo las miserias y vergonzantes acciones desde el fin de la infancia, la adolescencia y la juventud hasta una primera y relativa madurez.  El personaje es ése que “quiso haber sido y no fue” y que se vació en una educación económica  por “agentes externos”. El texto posee un humor e ironía finos,  ante el dolor, la muerte, la música, la pintura, la política, la literatura.

La vida de Fénix, desde su Hungría natal hasta Longchamps  y Buenos Aires, con un breve intermedio europeo, es una continuación de circunstancias que configuran su personalidad.  La memoria de Fénix, conserva su infancia llena de amor por Judit que murió. Está desorientado por la pérdida de lo más importante que le ha acaecido en su vida…lo demás…es su historia externa. Fénix es su recuerdo. Pero también su devenir y su presente: objetivar su vida es un intento de comprenderse.

La historia que incide en su vida parece contar poco para el protagonista y no lo cambia esencialmente. En su infancia su realidad  dependía de grandes concepciones socio-históricas pero se diluía en hechos y conductas contradictorias y hasta siniestras .  Fénix creció con carencias de todo tipo y debió lanzarse a una vida en la que todos se cuidan de los demás. Su acción, su aprendizaje,  es un intento, fallido, degradado a veces,  de construir su vida como algo notable, no heroica, apenas  sobrevivencia y sus principios se adecúan,  a su subsistencia.  Aún sus indecisiones son una parte de su ser y las sentimentales no son tan claras como las económicas; queda paralizado cada vez que pierde a una mujer que dice amar: Nikki, Magda pero vemos cómo reacciona lúcidamente ante la crisis que azota a su país: decide liquidar sus negocios y exiliarse.

Urbanyi pinta la vida social, política y económica del país aparece  con algunas líneas, las necesarias.  Nos da  un telón de fondo en el que se desenvuelve su personaje. Las alusiones a Perón, a Estela Perón a López  Rega,  evocan dictadura, caída, dictaduras, democracia, dictadura, crímenes y robos, todo el periodo que  comienza en 1946 y que sigue después con presidentes, golpes,  hasta el definitivo  de 1976 que lo priva de Magda y lo hace emigrar.

El relato está puntuado por algunos leitmotivs como las referencias a un pasado en el que está su infancia y su amor ideal. También hay anticipaciones: a medida que  progresa la vida de Fénix. Tal vez las más significativas son las que anuncian su fracaso en algo emprendido, también, su devenir casi final: el hombre viejo que, en el Norte, en la nieve, bebe ron, fuma y recuerda partes de su vida. Otra anticipación o premonición, más bien, es lo que dice su padre recién llegados a la Argentina al ver pan en la basura: algún día este país va a  llorar ”.

Otro leitmotiv es la tela o gasa que lo separa de los demás, que a veces es un muro y otras indiferencia o falta de interés por ciertas cosas, como la política, por ejemplo, sobre la cual tiene opiniones  contrarias a las de sus amigos y  que no ceden ante los voluntarismos y exaltaciones revolucionarias que serán aplastadas por la fuerza.

El texto está jalonado también por varias alusiones  literarias: a H. James, a Melville, Quevedo entre otras; que constituyen una atmósfera en el relato y que evidencia el temple de ánimo del personaje o del narrador. Se van diluyendo ya que Fénix deja de leer a medida que se interesa en los negocios y el dinero.  Podemos decir que El Rojo y el Negro y La educación sentimental, funcionan como correlatos narrativos;  Fénix admira y detesta a Julien Sorel tanto como rechaza el comercio, hasta llegar a decir que es  como una maldición pero luego se perfecciona en él  para cambiar su situación y acceder al mundo de Helena.

Fénix busca y se busca pero hay indecisiones  o sobredeterminaciones que no logra superar.  Se rebela contra su  condición y personalidad que intenta contrarrestar o forjarse otra. Se conoce bien: “excepto el camino a Roma o el aventurado vuelo infinito entre las galaxias para encontrar al Hacedor de estrellas, nunca tuvo muy claro hacia dónde se encaminaban su vida y su alma”. Por eso  terminará pensando que: si bien uno es lo que come, no siempre-prácticamente jamás- es lo que dice ser”

El amor también es un  aprendizaje: con Nikki, con una fellinesca prostituta uruguaya, con una psicóloga que lo frustra, con una mujer del pueblo; en un momento, con una  doméstica desconocida experimenta pulsiones que lo sorprenden;  finalmente, aparece la refinada Helena. Por penas y sentimientos de culpabilidad, otra experiencia con una prostituta, Consuelo. Finalmente, Magda a la que quiere también. Con Helena, su vida está hecha, pero hay alejamientos que aceptarán y su unión se transforma en lo que Fénix siempre detestó: lo correcto desde el punto de vista social.

El  relato es como una novela de formación, pero no al estilo tradicional. En la literatura argentina tenemos Don Segundo Sombra, modelo “canónico” y varias otras en las que se actualiza este motivo y cuyos orígenes se remontan al Whilhem Meister de Goethe. No sabemos si Fénix está formado para enfrentar sus nuevas realidades en ese final abierto de la obra, ni él mismo lo sabe  y tal vez nunca se formó. En El zoológico II, no se pretende mostrar una estatura cabal del personaje sino su condición  por cualidades y  carencias  y por las circunstancias que le tocó vivir. Hay que decir que su vida familiar no fue normal, el amor paterno y materno y el filial,  se corresponden negativamente: su madre posee casi todos los defectos y guarda rencores y odios terribles  a su marido y éste se los retribuye. Fénix admira a su madre pero quiere más a su padre que le da consejos y que, de alguna manera, le enseña muchas cosas aunque jamás llega a tener el refinamiento ni  amargura de aquél.

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