Hace unos días recibí una carta, de la que sólo publico la parte que viene al caso del Doctorado:

Hola Pablo: 

Te escribo para decirte que he estado pensando mucho en cómo manejarme con todo lo que necesito para mi tesis de Doctorado sobre tus obras, y creo que es imposible llevarla a cabo dadas las circunstancias. . 

Necesito entrevistarte, hacerte preguntas, solicitarte copias de manuscritos, pero sos tan cabeza dura  que no querés responder. 

Creo que finalmente voy a desistir de hacer ese tan demorado Doctorado. 

No es agradable que dejen de ocuparse de uno, y es mucho más desagradable cuando se trata de las obras de toda una vida, once o doce libros, entre cuentos y novelas de los que quizá algunos nunca hubieran tenido que aparecer.

Es verdad que  soy un cabeza dura, y si bien siempre estoy dispuesto a responder a las preguntas que me hacen los lectores, a aclarar dudas, pero las ganas de responder, más que un capricho, me las dictan los astros. 

Pero el tema no  es el de las ganas. El tema es el Doctorado.

Y es un tema muy pero muy interesante, tanto, que me inspira  la siguiente pregunta: ¿cómo se haría un Doctorado sobre La Ilíada, sobre Cervantes, sobre Shakespeare, sobre Baudelaire, sobre Víctor Hugo, James Joyce  o el muerto que fuere si no se puede hacerles entrevistas, hacerles preguntas, solicitarles los manuscritos y, peor, si no van a responder los mails? Si mi trabajo como escritor es tan bueno como para merecer un Doctorado, ¿por qué no imaginarme muerto y la escritura de un Doctorado in memoriam?

Que el escritor, con preguntas y respuestas del doctorando, termine por escribir su Doctorado, es un fenómeno bastante frecuente.

Y ahora sí, recurro a mi memoria y recuerdo (ni los dedos de la mano ni los de los pies me alcanzan para contarlos) un desfile de doctorandos en todas las materias y lenguas existentes que no terminaron su Doctorado: filosofía (ya sea sobre Platón o Sartre), física, matemáticas, sobre palabras (sic), sobre autores de la literatura alemana, francesa, argentina, ¡china!, de los países bálticos, o sobre la literatura en su más amplio espectro de los países adjetivados.

He tenido el honor de conocer a una persona que durante treinta años (sic) escribió su tesis sobre literatura alemana y nunca pudo poner el punto final, de lo que se encargó la señora de la guadaña.

Para terminar positivamente, porque siempre hay que terminarlo así, académicamente, abriendo campos de nuevos estudios:

¿No sería interesante, muy interesante, hacer un Doctorado sobre los doctorandos que, ya sea por falta de talento, de aliento, por pereza,  o accidentes en vida, reales o imaginarios, nunca llegan a poner el punto final?

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2 Comentarios to “Doctorado y doctorandos”

  1. Pablo Urbanyi dice:

    Para Alejandra:
    Seamos sinceros. Creo que me apresuré a publicar la nota. Tendría que haber incluido a los escritores, hasta a los que plantan árboles de cedro azul. Para muchos de ellos tampoco llega el punto final. Es amargo pero es así.

  2. Alejandra dice:

    Me siento demasiado identificada. El punto final no llega nunca.

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