basura“El hombre moderno, amante de los récords.”

Si no fuera porque soy un hombre medianamente culto (lo que implica ser medianamente inculto), no hubiera podido continuar con el tema. Y a eso le debo sumar mi inquietud intelectual, que alimenta el hormiguero sobre el que estoy sentado y que, a su vez, de brillantes intelectuales hablando, se nutre de ideas no tanto cualitativas como cuantitativas. Una de las más hermosas cualidades de la cultura idiota es la posibilidad de su exactitud. No es de extrañar: en general se basa en las matemáticas, los números delante del 0.

Y los números, a su vez (siempre hablando de intelectos), no tendrían sentido ni siquiera con los escritores que escriben y venden el 0 si no hubiera lectores idiotas que los compran.

Isabel Allende: en Internet, en uno de esos clips de los que debe haber millones, vi tu última entrevista emocionado. Sé que ese famoso viento que se lleva todo no lo va a perdonar, pero en mi mente produjo una iluminación espectacular con muchas secuelas que a su vez se llevarán los tristes años de demencia senil y más allá. Y no por lo que dijiste, ya que decís lo mismo desde hace décadas (en este caso en inglés) y tus intríngulis familiares ya aburren, sino por la locutora que te introdujo en la sociedad norteamericana.

Pero de ella hay que decir que no era de esas bellas rubias con el pelo suelto por el que se deslizan las ideas confusas que caen en la charca del idiotismo; no, madura, también rubia pero teñida seriamente, con una seriedad marcada por los ruleros que le dejó una bonita permanente, sabía de qué hablaba: tenía un papel delante al que cada tanto le echaba una ojeada. Ella dijo sobre vos, perdón, sobre ti:

“Legenda literata, activista social e ícono feminista, Isabel Allende –ahora en la  cuarta década de su carrera–, como ninguna otra, traducida a 37 idiomas, con 27 libros escritos, vendió más de 50 millones de ejemplares. En sus presentaciones públicas la audiencia masiva se ríe, a veces llora, y ese es el testimonio de su vigorosa obra creativa”.

Por medio de ella nos enteramos de que tenías algo así como 27 libros escritos, que fuiste traducida a 37 idiomas y que vendiste 50 millones de ejemplares, cifras que parecen garantizar a una Gran Escritora.

Sería muy fácil descalificarte. Vladimir Lenin está traducido a 3.517 idiomas y la Biblia, a 2.292. Sin embargo, ¿qué es mejor, Lenin o la Biblia? Si de guerras y matanzas hablamos, la Sagrada Biblia provocó más guerras y matanzas que todos los libros de Lenin juntos.

En esta última comparación serías la ganadora. ¿Quién puede igualar a una dulce mujer que hace llorar o reír a su audiencia y, como activista social, dona la mitad de sus derechos de autora a los pobres del mundo? Algunas lenguas malvadas (hay de todo en la viña del Señor) desmienten esta donación, y las más malévolas murmuran que sólo por ser un ícono femenista les das los derechos a las niñas.

Todo esto no tiene ninguna importancia, son vanidades y egoísmos humanos. Lo más importante como prueba es la cifra de libros vendidos. Y si bien estás lejos de haber vendido lo que García Márquez, Stephen King o Lenin, o las Biblias actualizadas e ilustradas sin falsos pudores, 50 millones no es moco de pavo, sin duda una prueba contundente de tu talento, y te colocan en el altar de las Musas.

Sí, las cifras son importantes.

Una propuesta real y fotografiada: detrás de la culata de un camión recolector, el mundo en un basural con millones y millones de moscas revoloteando y una leyenda: 400 mil millones de moscas prueban que la basura es una cosa excelente. 

 Los Atributos

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