Llámenselos como se los llamen, “links” (porque el Imperio globaliza), “liaisons” (porque el francés es más elegante y fino) o “enlaces” (porque al fin y al cabo somos hispanoamericanos y tenemos una palabra equivalente), con los enlaces, liaisons o links se crea una especie de hermandad universal virtual (nunca real) y sucede con ellos lo mismo que con algunas palabras del diccionario, que remiten a otra para llegar al mismo lugar del que se partió.

La promesa de “conectarse con el mundo” o encontrar amigos lejanos (ya que los cercanos son inexistentes) es una promoción para la que no hubo que romperse la cabeza ni gastar mucho dinero: no es más que gatillar nuestra insatisfacción. La promesa de encontrar información es una garantía de la desinformación y el vaciamiento de las cajas craneanas casi totales.

A mí, que siempre camino sobre la cuerda floja del pesimismo acusado de exagerado, si no de insensato, no me queda otro remedio que reconocer que realmente hay algunas cosas importantes en Internet. Si se busca apartando la basura que la cubre, uno puede encontrar hasta las obras completas de Platón en su versión original: el griego antiguo. Y puede hablar de riqueza espiritual.

Pero el peligro subsiste y es cada vez mayor. Para llegar al mismo punto inútil, uno tuvo que chapotear kilómetros en desechos pegajosos, en la mugre olvidada y abandonada, verdaderos residuos y desechos de grandes proyectos que comunicaban con el mundo, de egos inflados y luego desinflados, de ilusiones grabadas en metal.

Si los países autodenominados civilizados (Alemania, Francia, Inglaterra, con Estados Unidos a la cabeza) son los mayores productores de basura, por lo menos tienen la decencia de recogerla, reciclarla o llevarla a países del Tercer Mundo, que, total, ya están destruidos y envenenados desde hace siglos.

Pero ninguno de ellos se ocupa de pasarle la escoba a toda la basura acumulada en Internet, salvo aquella que ellos consideran peligrosa y revela el orín de sus almas.

Nota bene: todo lo que se refiera al comercio, a la compraventa, la considero la peor basura. La propaganda interfiere las lecturas, titila a izquierda y derecha y hasta youtube, que ofrecía algunos orgasmitos que se suponían placenteros, además de la plaga de los cánceres del ego, los escupitajos de propaganda de Mister Google, los hacen dolorosos.

Y pensar que esta nota también va a caer en el basural electrónico…

 

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