Érase una vez un pobre pescador… Érase una vez una bella princesa… Érase una vez….

Sí, érase, pero ya no lo es más. Sería  un comienzo de cuentos infantiles de la época feliz, según Borges, en la que los niños carecían de ellos.

Con un sí y con un no de abogado, podríamos realmente aceptar que era una época feliz en la que, salvo las leyendas populares, no había expertos ni especialistas (escritores/as o lo que fuere) que hundieran las mentes infantiles en la pasividad, la ignorancia y la banalidad. Suprimimos otras palabras como idiotez o imbecilidad. Podemos hablar de abismo, de abismos de la infancia, de abismos de la adolescencia, pero, por lo que parece, nunca más de la llegada al abismo o la meseta de la madurez.

Lo que más me asombra en todo esto es que hay escritores (basta darse una vuelta por la sección de literatura infantil de cualquier librería y hojear los libros para las mentes inocentes) que, sin ninguna duda, son mucho más tontos que los niños para los que escriben. Y las pobres víctimas tienen que hacer un esfuerzo, enderezar sus circunvoluciones cerebrales para poder entenderlos.

La tarea no termina allí: además de profesional, se hace académica. Y cuando se lleva a la academia lo que no corresponde a ella, no cabe duda de que se la fosiliza. A eso se le suma la pedagogía moderna con teorías aberrantes sobre la creatividad como una especie de ciencia infusa del niño que nunca aprendió a crear pero ya es poeta per se. Pido respeto y atención: en este campo, cada vez que oigan la palabra creatividad con respecto a un niño, ya que no pueden sacar el revólver, saquen al chico de allí, es decir, sálvenlo. Los mamarrachos que pintan los niños creativos y que los papás y mamás cuelgan con orgullo en sus oficinas mientras los niños (o el papá o la mamá) están en brazos de otros, son lo anticreativo por excelencia.

El discurso pseudoacadémico tampoco se olvida de la moral o moralina. Quiere cuentos constructivos, edificantes, que propicien el crecimiento intelectual y robustezcan la nobleza del alma. (Suspiro.) Aquí se lo sigue considerando un idiota. No cabe duda de que cuando la madre lo planta frente a la niñera eléctrica, la televisión, el niño irá al canal que más le interese. Y no será el que lo haga crecer intelectualmente ni el que lo robustezca en su nobleza. Esas cosas no existen en la televisión.

La moralina sigue y llega a lo políticamente correcto. Blancanieves es un nombre racista. Negracarbón es más correcto. Pero la verdad que el niño debe aprender está en el cuento original, no en la versión de Walt Disney. En el original, la madrastra les corta los pies con un cuchillo a sus hijas para que entren en el zapatito de cristal. Y, horror, el salvajismo del sanguinario leñador que abre la panza al lobo para salvar a Caperucita y a la abuela es de un sadismo increíble. Quiero calmar a la académica que hizo esa observación. En el cuento original el lobo se come a la abuela y a Caperucita y sanseacabó.

Por último, hay que decirlo, hace cien años que TODOS los cuentos para niños ya están en el papel, impresos, ilustrados y en muchas bibliotecas. No necesitan ninguno más. Pero se seguirá insistiendo en su idiotización.

O quizás no; total, no los van a leer.


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22 Comentarios to “Literatura infantil, otra especialidad”

  1. Elisa Cardinali dice:

    Según mi opinión, el argumento sobre “literatura infantil” que plantea el autor abre las puertas a una variedad de opiniones al respecto. Hay quienes pueden estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que él manifiesta en relación al tema que propone. El autor expone que los cuentos infantiles hunden las mentes de los niños en “la pasividad, la ignorancia y la banalidad” y llevan a la idiotización de los más pequeños. En este caso, indico que no estoy de acuerdo con lo expuesto ya que los cuentos infantiles con sus maravillosas ilustraciones se constituyen en el medio que los niños tienen a fin de comprender su entorno. En dicha literatura encontramos los cuentos tradicionales que por más que pasen los años no pierden su esencia. La literatura infantil en sí son las puertas que se abren a la imaginación y la creatividad, a pensar en aquello que puede ser y que escapa totalmente de la realidad. El mundo de la niñez es un mundo rico en experiencias y creaciones que no debe ser desvalorizado ni mucho menos considerado como pasivo, banal o idiota. Si dejamos de lado la literatura infantil y consideramos que los medios de comunicación en su totalidad no son buenos instructores, ¿qué queda para los más pequeños si la literatura infantil con sus cuentos y canciones son los medios que los niños tienen de acercarse y entender en sus mentes chiquititas la realidad?
    Con respecto a los medios de comunicación, no quiero dejar de comentar al respecto. El poder que medios tienen es una realidad que no podemos negar, tampoco podemos caer en la pasividad de aceptar todo lo que se nos dice, sino más bien la decisión final está en el lector/oyente y en su capacidad de elección y de discernir entre una opinión o un hecho, entre ficción o realidad. Cabe señalar que los medios de comunicación cumplen un rol importante en la educación en el siglo XXI. En nuestros días resulta casi imposible pensar en realizar cualquier actividad y no encender el televisor o la PC en busca de información. Con esto no quiero decir que nuestra dependencia en los medios de comunicación sea del todo “buena”. En lo que respecta a los niños, podemos afirmar que los distintos medios pueden influir de manera positiva en el desarrollo intelectual de los mismos fomentando su desarrollo. Sin embargo, los mismos medios conllevan también una gran carga negativa: los niños en su mayoría sucumben en un mundo irreal aislados del resto, de sus amigos e incluso de sus mismas familias dejando completamente de lado la cultura literaria con la que muchos de nosotros crecimos y quisiéramos nunca se pierda.

  2. Velez, F dice:

    Decir que entendí de buenas a primeras lo que se presentaba sería tal vez parte de un cuento infantil, según como se los presenta en este blog.
    Concuerdo en que hay escritores que son más tontos que sus lectores. Sin dudas! y sin dudas que eso se extiende a todos los ámbitos de la comunicación, sea escrita u oral. Cuántas veces escuchamos periodistas en la televisión que se creen “todólogos” y desautorizan a su audiencia haciéndola pasar por el grupo de pobres ignorantes que no tienen otra manera de acceder a la “información” más que sentándose a ver el programa XX. No dudo de que muchas veces seamos víctimas de los autores y que el esfuerzo por entenderlos sea supremo! Concuerdo totalmente con que el mismo concepto, llevado a la academia la fosiliza y los resultados son errada idoneidad y falsa creatividad.
    Sin embargo, cuando se trata de literatura infantil o dirigida a los niños, creo que nos estamos olvidando de una cosa muy importante, que es que el niño no esta solo. El niño tiene un ambiente, sea familiar o escolar. Y nadie me diga que hay niños huérfanos y solos y abandonados porque sé que los hay, pero ninguno de ellos va solo a una librería o biblioteca y consigue un catalogo de libros infantiles del cual selecciona una opción. Siempre, creo, en la vida del niño hay un adulto. Aunque más no sea para abrirles la puerta a estos pequeñitos que quizás no alcanzan el estante de las llaves. Mi abuela, gran fomentadora de la lectura en casa, jamás nos regalaba un libro sin antes haberlo leído ella. Jamás. Y al principio me disgustaba la idea: nunca le podía contar cosas sorprendentes porque ella ya sabía los desenlaces!! Pero ahora lo agradezco, porque siempre supo seleccionar. Al principio fue ella quien sembraba los libros en mi, después cuando fui creciendo me mostraba el camino pero las semillas las ponía yo, y finalmente me dejo sola, sembrando por mi misma, cuando estuve lista. Y jamás me consideró una idiota, una mente pasiva, una niña sin creatividad. Todo lo contrario! Creo que los niños son mentes en formación, potencialidad lista para ser despertada y explotada al máximo, creatividad que necesita adquirir una forma, aunque suene paradójico. Hoy puedo decir que soy lo que soy en gran parte por lo que en mi vida leí. Escribo como escribo por lo que aprendí de lo ya escrito. Al principio es como cuando uno aprende a escribir su nombre: simplemente copia lo que lee. Después ya no necesita tener al frente el original, luego aprende que existen otros tipos de letras, otros colores, otras formas y así cada uno va personalizando su forma de escribir su nombre, pero el hecho de que siembre lo escriba de determinada manera no significa que no sea consciente de que existen otras formas y se elige solo una. Y lo mismo pasa con la lectura. Siguiendo con la analogía de escribir el nombre, si en primera instancia hubiera visto escrito mi nombre en letras góticas, por mencionar un estilo mas elaborado, al intentar reproducirlo me hubiera frustrado al verme incapaz en ESE momento. Y quizá ni hubiera intentado mas adelante. Por una razón pedagógica, se me enseñó de lo simple a lo complejo. Y concuerdo con Melisa en esto: los niños no están preparados para saber que la madrastra de cenicienta les corto los pies para que les entrara el zapato. Los niños necesitan esas experiencias e ideas que como adultos nos parecen inocentes, idílicas y hasta idiota, para poder formar una personalidad positiva, buena en esencia, luminosa, que luego se ira corrompiendo, quizá (o no), con el vivir y estar expuesto a situaciones contrarias, No podemos, mediante la literatura, promocionar el caos, la crueldad, la maldad, aun cuando existan en el mundo porque creo firmemente que el mundo no es solo eso. Y creo con la misma firmeza que todas las personas, pero los niños sobre todo, tienen que apuntar a la felicidad, a la alegría, a la plenitud esa presentada con flores y colores en los libros. Esa convicción de que un mundo bueno es posible es la que va a orientar mis decisiones diarias, porque si sé que nada puede mejorarse y todo es idiotez, ¿para que vivo?¿para qué elijo hacer las cosas bien?No caigamos en el nihilismo, porque fuimos hechos para la vida, y la vida feliz, aunque suene de cuento. Sí, habrá obstáculos, muy simples algunos y muy complejos y hasta imposibles los otros, pero ¿acaso no fueron superados por los héroes?¿Acaso no contamos con inteligencia y creatividad para poder sortearlos?
    La pasividad, la ignorancia y la banalidad, la inocencia diría yo, es por donde se empieza. Nuestras manitos de niño no pueden cargar el peso de un árbol, pero sí de algunas ramas. Si nos ejercitamos cargando ramitas diariamente, llegará un día en que ya podamos cargar troncos, primero con un poco de ayuda y luego solos, y más adelante, estaremos listos para poder construir algo con esa madera. Pero cargar la ramita fue un comienzo. Erase una vez un niño que cargaba ramitas….

    Gracias

  3. Mónica Santos y Eliana Vasconi dice:

    No creemos que la etiqueta “literatura infantil” sea apropiada sino más bien restringente ya que,al igual que Valen y Tania Torres, partimos de la base que la literatura es arte en sí, y como tal, es una manifestación artística, humana, única e individual que surge del deseo de comunicar algo. Por lo general, el enfoque está en el contenido más que en la audiencia. Tome, usted, adolescente, joven o adulto, un libro “infantil”, uno que haya leído años atrás, y notará que la narración no ha perdido su esencia, al contrario, lo llevará a responder probablemente desde otra perspectiva y puede que se quede alucinado al comparar su reacción con la de un niño, quien puede viajar libremente con su imaginación sin los modelos que estructuran y encadenan la mente del adulto. Con esto queremos decir que el niño se caracteriza por su creatividad y las diversas narraciones van a producir en él una respuesta ingeniosa, o disparatada; por ejemplo, tomando la canción de nuestra querida escritora y cantautora María Elena Walsh, nuestros niños pueden ver, explorar y crear un “Reino del Revés.” Ellos reflejan una necesidad constante de hacer preguntas, de plasmar nuevas ideas en un papel lleno de colores,o en la letra de una canción, lo cual se ve muy alejado de la idea de “idiotizar”. Creemos que la clave está en darle al niño variedad, y afortunadamente grandes escritores y fomentadores de la literatura pueden contribuir con esta necesidad. Por último, queremos desafiar la idea de la época feliz como una época mejor y la idea de que toda cuento infantil ya ha sido escrito. Creemos que no es posible comparar estos tiempos con los ya pasados ya que cada momento es único y muy diverso, un constante devenir de ideas, quizás algunas ya forjadas en una determinada época, pero con combinaciones que nos sorprenden todo el tiempo y es justamente en esa heterogeneidad que nos asombramos, nos extrañamos o nos maravillamos. Ya lo dijo nuestro gran poeta y músico L.A. Spinetta “Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor” y nos dejamos conquistar por estos versos para concluir que una literatura enriquecedora, que atrae la curiosidad de nuestro niños, puede seguir siendo posible.

  4. Pablo dice:

    Si me permiten:

    En algunos artículos encuentro bastantes críticas pero que me alegran. Estoy contento por la polémica y las dicidencias en las opiniones. Lamento no poder responder a todos lo comentarios, pero hay algo que no puedo dejar de señalar: los abismos por la fragmentación de la continuidad del desarrollo de un niño que no se manifiesta sólo en la literatura sino en la música, la moda, y las actitudes por una supuesta independencia prefabricada inyectada para comerte mejor. No todos los niños van a terminar siendo lectores (mi hija los es, mi hijo no), pero sí que es muy grave que como creo que lo señalé antes, hay verdaderos estudios de mercado para escribir libros para niños de 6 a 8 años, de 8 a 12, de 12 a 16, en los que priman los argumentos del progreso, la actualidad y la educación, o la pseudoinformación.

    Envidio y felicito a la profesora Alejandra Portela por tener alumnos e investigadores de este calibre.

    Gracias, saludos y adelante.

    PD: Señalaría algunos exabruptos o más bien precipitaciones pero nadie esta a salvo de ellos. Se han convertido en parte del estilo de vida.

  5. Paula Miretti, Sara Segovia y Ma, Laura Vasini dice:

    Al leer no sólo el artículo, sino también los comentarios realizados previamente comenzamos a pensar en el origen de la narrativa. En un hecho probado con sustentable evidencia que las narraciones existen en las sociedades humanas desde tiempos inmemoriales. Éstas comenzaron siendo de carácter oral y, con el desarrollo de la palabra escrita, fueron transplantadas a formatos tangibles. Todas ellas han surgido en un primer momento a modo de explicación del mundo tanto interior como exterior en el que los individuos estamos inmersos. Como seres humanos poseemos la intrínseca necesidad de saber el por qué de los sucesos y, antes de la existencia de la ciencia, el único método eficiente encontrado por nuestros antepasados para satisfacer esa necesidad fueron las narraciones. Incluso, se podría decir, que uno de los mayores ejemplos de la narrativa de nuestra historia es La Biblia, la cual busca encontrarle sentido, adaptada a la época en la que fue escrita, a la aparición de la especie y el mundo. Con el mismo propósito surgen los mitos griegos, tan valorados en las escuelas primarias. El Mito de la Creación supone el comienzo del mundo como un fruto de las relaciones entre dioses. Estos productos de las sociedades antiguas quedaron tan arraigados en las diferentes culturas que, en la actualidad, son considerados los legados que nos fueron dejados.
    El conjunto de todas estas narraciones, sumado a las variadas expresiones creativas puestas en palabras, que fueron realizadas a lo largo de nuestra historia fueron encasilladas bajo el término “literatura”. Esa misma curiosidad que llevo alguna vez a crear esas narraciones incentivó el estudio a nivel académico de esos mismos textos, para lo cual diferentes categorías fueron creadas. Éstas tienen la función de facilitar el análisis y reducir el objeto de estudio. Consideramos el término “literatura infantil” una mera expresión categórica para poder estudiar textos con características similares. Sin embargo, se ha tergiversado su naturaleza académica y hoy se lo considera como un condicionante a la hora de escribir y elegir este tipo de textos. Tanto padres como docentes eligen este tipo de textos pensando que fueron escritos especialmente para los niños, cuando en realidad los textos literarios deberían ser fruto de la imaginación de un individuo sin tener en mente al posible lector.
    Además, pensamos que esta nueva tendencia -de oferta y demanda- tiene sus orígenes en teorías pedagógicas que subestiman a los niños. Un claro ejemplo de ella, es el caso de Jean Piaget, psicólogo y constructivista, quien determina que el desarrollo cognitivo del niño está intrínsicamente relacionado con el desarrollo biológico de este, por ende argumenta que un niño no podría ser capaz de realizar abstracciones o que carecería de pensamiento lógico. Sin embargo, estudios como el de Margaret Donaldson, psicolingüísta, señalan que siempre que la información sea presentada en un formato familiar para el niño, éste podrá aplicar su pensamiento lógico a una temprana edad. A partir de esto podemos decir que no existe la necesidad de distorsionar el lenguaje sólo porque pensamos que los niños no son capaces de comprenderlo. En nuestra opinión, esa nueva tendencia a utilizar el lenguaje que no es ni siquiera remotamente parecido al que los niños se encuentran a diario es innecesaria. Además, basándonos en la teoría de Lev Vygostky, otro famoso psicólogo contemporáneo de Piaget, el aprendizaje sólo se logra cuando el niño encuentra ciertos desafíos en su camino para poder así dejar su zona de confort y llegar a la zona de desarrollo próximo, que es donde se produce el aprendizaje.
    Este punto de vista surgió en nosotras a partir del análisis de nuestras propias experiencias relacionadas con la literatura. ¿Alguien considera acaso que Mark Twain escribió Las Aventuras Tom Sawyer o Huckerberry Finn pensando en los niños como posibles lectores? Nosotras consideramos que no. Sin embargo son obras literarias frecuentemente asociadas con los niños y consumidas por ellos.
    En cuanto al nuevo rol pedagógico que se le otorga a la televisión, nuestra opinión concuerda con la del autor. Cuando los niños consumen programas televisivos, su actividad cognitiva es casi nula. Si bien deben decodificar los mensajes tantos visuales como lingüísticos, el esfuerzo cognitivo no se compara al que el niño requiere cuando lee un libro. Esto se debe al gran soporte brindado por las imágenes que facilitan la comprensión del mensaje. Por el contrario, cuando el niño esta expuesto a la lectura es él quien debe crear su propio soporte a través de la imaginación y la creatividad, lo que consecuentemente lleva a desarrollar estas habilidades en mayor profundidad.
    En cuanto a los valores transmitidos por medio de las versiones cinematográficas de los cuentos tradicionales, creemos que tampoco es necesario semejante cambio del contenido de las historias originales ya que los niños, como ya se ha explicado anteriormente, tienen la capacidad de comprender y de abstraer los significados que tales historias quieren transmitir, siempre y cuando se encuentren en el contexto adecuado. Además, los valores subyacentes de cada historia son pertinentes al momento histórico en el que fue creada, por ende tratar de juzgar tales valores con una visión actual de la sociedad resulta, a nuestro parecer, injusto.

  6. MARIA MERCEDES JALIL dice:

    Este artículo es verdaderamente “picante” porque explora cuestiones que creo, van mucho más allá de la lectura de un cuento por parte de un niño o de las contradicciones de las instituciones como la escuela, la universidad y la familia.
    Sinceramente, no coincido con el autor cuando refiere que se idiotiza a los niños con narraciones “maravillosas” que aparentemente carecen de sentido o que no se condicen con la realidad. Si nos remitimos a la definición de cuento, ésta nos dice que se trata de la narración breve de hechos imaginarios y, en última instancia, ¿quién puede juzgar la imaginación de un artista o mejor dicho, de un creador de ficción? Además, me parece que si lo que llamamos cuento se acercara demasiado a la realidad, en verdad perdería su esencia y encanto; esa magia con la que creo identificamos este género. Todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos creer en historias fantásticas precisamente como una vía de escape de las realidades, a veces no tan felices, que nos muestra la vida cotidiana.
    Creo que a lo mejor estamos “pidiéndole” mucho al “pobre” cuento…!! ¿qué entretenga, enseñe, contribuya al crecimiento intelectual, robustezca el alma? Sinceramente no estoy segura de si mis padres pensaban en todas esas cosas cuando me leían Pulgarcito o La Cenicienta a los 6, 7 u 8 años. Considero, además, que las adaptaciones de los cuentos originales (que yo desconocía) pudieron ser hechas por visionarios que ya tenían incorporada la creencia de que lo lindo vende más, concepto éste muy de moda en los tiempos que corren. No digo que esto esté bien; digo que es lo que vivimos o lo que nos quieren hacer creer. O tal vez, a mi entender, las modificaciones a las que fueron sometidos estos cuentos respondan a un mejor entendimiento de la psiquis infantil y de las consecuencias que pueden resultar si en vez de contarle a un chico de 5 o 6 años una historia con una trama divertida y un final feliz se reemplazan hechos placenteros por otros violentos y trágicos.
    Tampoco coincido con el autor cuando manifiesta que los padres se enorgullecen de lo anticreativo. Por el contrario, creo que los refuerzos positivos elevan la autoestima de los hijos, sin idolatrarlos, y ésta es una de las principales características de la personalidad que hay que robustecer y estimular.
    Por último, quisiera decir que no creo en la expresión: ayer es mejor que hoy pero sí que vivimos en circunstancias distintas y por consiguiente, los artistas, especialistas, expertos cambian sus ideas y la forma de plasmarlas.

  7. Rearte, Veronica dice:

    Creo que el debate acerca de la literatura infantil y su contenido ha tomado mas impulso al ver que el contenido de algunos programas de televisión, principal medio de entretenimiento para niños y adultos, no coinciden con los temas que los chicos “deberían” estar expuestos. Aun así considero que los temas abordados por la literatura infantil no son “tontos”, al contrario, están elegidos para despertar en el niño una respuesta, la cual puede ser o no, la esperada. Desde mi punto de vista, las dos posiciones que se expresan en el articulo, la teoría que cree a un niño un “poeta per se” y la de subestimar al niño creyendo que no puede pensar por si solo, caen en dos extremos. Capaz la respuesta se encuentre en el medio de ese continuo. Creo que todos podemos hablar desde nuestra experiencia de ser niños y de haber estado en contacto con esta literatura, obviamente salvando las diferencias con respecto a los tópicos. Personalmente creo que se puede obtener mas ventajas de las historias que son mas cercanas a nuestras experiencias, cuentos tradicionales como “El viejo vizcacha” (el que mi papa me contaba a mi), que de los cuentos idealistas como Blancanieves, que ciertamente tiene aspectos raciales que no se tienen en cuenta por la mayoría.

  8. Belen Rio, Florencia Alvarez y Carolina Nieto dice:

    El argumento que el escritor presenta en su blog hace referencia, entre otros temas, a la función de la literatura principalmente en la edad de la niñez. Según el autor, los libros idiotizan y no reflejan la realidad. Coincidimos con esta idea ya que las tramas de los libros infantiles y los personajes en ellos, tienden a mostrar una visión del mundo que no se corresponde completamente con la realidad. Por lo general, los libros que presentan moralejas y que se jactan de cumplir un rol educativo, no hacen más que imponer estereotipos. Podemos ejemplificar con la imagen de la madrastra como una persona malvada en la Cenicienta, Hansel y Gretel o en Blancanieves; el malo que debe morir en Caperucita Roja, o el pobre huérfano en Pulgarcito y el Patito Feo.
    El problema reside en que el niño puede llegar a construir sus aspiraciones a través de estos estereotipos y valores impuestos por la literatura. A lo largo de la vida, sin embargo, el niño en contacto con la realidad tiene la capacidad de ir asimilando que no siempre las personas terminan siendo felices y comiendo perdices. Que en la vida hay circunstancias que exceden a los cuentos. Como Celeste y Fernanda comentaron, los adultos (padres y educadores) tienen la gran responsabilidad de orientar a los niños en la interpretación del cuento y establecer comparaciones con su propio marco sociocultural. El rol del adulto radica en ensenarle al niño a leer entre líneas y mostrarle que ciertos valores implícitos en las narraciones pueden resultar incorrectos. A modo de ejemplo mencionamos a Robin Hood, el joven que roba a los ricos para darles de comer a los pobres o a Ricitos de Oro que invade una casa ajena.
    Por último, creemos que no debemos crucificar a los libros infantiles por lo mencionado anteriormente. Si bien deben ser evaluados de manera crítica, ya sea con la ayuda de los padres o educadores, no debemos perder de vista que el propósito de los autores no es adoctrinar sino entretener. Por el contrario, y de acuerdo con nuestra experiencia personal, los libros nos insertan en un mundo de fantasía que permite el desarrollo de la creatividad y la imaginación. El discurso narrativo infantil no pretende formar futuros artistas sino que apunta, entre otras cosas, a desarrollar el potencial creativo del niño en su etapa inicial de su experiencia como lector.

  9. Valen y Tania Torres dice:

    Concuerdo con la mayoría de los comentarios, también estoy de acuerdo con A.P. en que la categoría de Literatura Infantil no debería existir. La literatura es arte y así como a nadie se le ocurre modificar pinturas para que puedan ser interpretadas por niños, nadie debería hacerlo con las piezas literarias, ¿imaginan un Mona Lisa con cara de “smiley” para que la entiendan los niños? Más aún opino que a causa de la proliferación de ciertos libros para niños (me resisto a llamarlos “literatura”) hay una generación de personas que nunca se acercarán a la lectura ni conocerán el placer al que nos lleva la literatura porque dichos “libritos” nunca fueron arte, fueron juguetes como o el osito de peluche, una etapa de la vida que se superó no la entrada a un mundo por descubrir: cuando compramos un oso o un león de mentira a un niño no lo hacemos pensando que cuando crezca tratará con osos o leones de verdad, entonces, ¿por qué pensamos que esos cuentos de mentira lo llevarán algún día a ser lectores “de verdad”?
    Con respecto a la televisión, sí, hay que reconocer que hay muchos programas educativos, pero en general los canales infantiles cumplen la misma función idiotizante y/o alienante que la “literatura infantil” de la cual ya hemos hablado. De todos modos, nos parece importante mencionar que la literatura y la televisión no deberían ser tratadas en el mismo debate.
    Podríamos agregar también, que hay muchas películas basadas en obras literarias que fomentan el espíritu crítico y creativo, claramente las de Disney no son el mejor ejemplo, pero podemos citar algunas como Las Crónicas de Narnia, Harry Potter, El Señor de los Anillos, entre otras, que si bien modifican el texto original, respetan la historia.

  10. Mc Namara, P. - Sottano, M.C. dice:

    Antes de realizar nuestro comentario queríamos destacar lo interesante que nos pareció el tema en cuestión. Si bien hay personas que concuerdan con esta postura y otras que no, lo que nos resulta atractivo es el hecho de que este promueve diversidad de opiniones. No sabemos si existe o no una literatura infantil como tal, pero sí creemos que hay libros que han sido escritos específicamente para niños. A pesar de que no existen libros para una determinada franja etaria, por ejemplo, de 5 a 10 años o de 20 a 30 años, un niño de 7 años no leería el mismo libro que una persona de 75 años. ¿Por qué? El niño no podría llegar a comprender en su totalidad el contenido del mismo, ya sea por complejidad en cuanto a tema o en cuanto a estructuras lingüísticas. Con esto no se quiere decir que consideramos al niño como un ser “sin inteligencia”, sino que a tan temprana edad, este no cuenta con las herramientas necesarias para decodificar el mensaje que se está intentando transmitir. A su vez, no posee conocimiento sobre diferentes estructuras de la lengua que pueden ser encontrados en libros que no hayan sido escritos para él.

    En cuanto a la “idiotización” de los contenidos en la literatura infantil moderna, queremos expresar nuestro desacuerdo ya que temas simples o “tontos”, como el autor los llama, son de gran importancia para el desarrollo de los niños. Y con desarrollo no queremos decir solo “desarrollo intelectual” o “cognitivo” sino también desarrollo como ser social. Diferentes autores reconocidos han comprobado que los niños tienden a interesarse más por aquellas situaciones que le resultan más cercanas a su mundo, a su realidad, es decir, situaciones que conforman lo que se conoce como “contexto inmediato”. Ejemplos de este sería la familia, los animales, la escuela y los lazos o valores que se establecen entre sus pares: amistad, solidaridad, respeto, entre otros. En el caso de “La liebre y la tortuga” (Esopo), lo importante no es que ninguno de los personajes existen en el mundo real (no hablan) sino la enseñanza que la fábula nos deja: no hay que burlarse jamás de los demás; la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos; el que persevera triunfa. Quizás nuestras ideas están altamente influenciadas por la creencia en la educación como enseñanza de vida pero pensamos que lo que se enseña en el aula se transmite después en la vida. A través de estas “tonterías” los niños comienzan su camino por la vida.

    No queríamos dejar de mencionar el rol de los medios de comunicación en la actualidad. Sí, coincidimos con que hay algunos programas televisivos que aportan positivamente en el desarrollo del niño pero, en su gran mayoría, los medios masivos de comunicación han destruido la niñez. Hoy en día los niños están inmersos en un mundo en el que se compite por el mejor celular, el mejor I-pod y completamente privados de la cultura literaria.

  11. Maldonado Ayelén, Marchetti María Fernanda dice:

    Concordamos con el autor, con su idea de la continua “idiotización” o si se quiere ser políticamente correcto de la continua “subestimación” para con los niños de parte de los autores de la mal llamada “literatura infantil”. ¿Por qué mal llamada? porque no nos parece lógico dividir el publico de obras literarias en base a su edad. ¿Por que será que nos parece que lo más importante que la gente tiene en común es un simple numero? Miremos al fenómeno Harry Potter. Pensado para un público adolescente es mundialmente leído por gente de todas las edades y apreciado con el mismo fervor por niños y adultos. Pero, volviendo al tema de la “literatura infantil”, con solo ver el canal Disney Channel por 5 minutos y soportar La Casa de Mickey Mouse, nos damos cuenta que incluso cuando se trata de enseñar se trata a los niños como si no entendieran nada. Y los libros dedicados a la niños casi que no son libros más bien parecen un conjunto de oraciones sueltas del tipo “El sapo quería cruzar el río pero no sabía como…” etc, etc, ¿y el valor literario del libro? ¿y la historia? ¿y la trama? ¿y el mensaje? ¿y el uso “hermoso del lenguaje? Bien, gracias.
    Por otro lado, creemos que los adultos deberíamos incentivar a los niños a leer obras que desarrollen un poco más su imaginación, sobre todo en un mundo en el cual tanto los videojuegos como la tecnología los idiotizan, les dejan o dan “todo servido” y ellos permanecen atrapados por horas sin ni si quiera compartir con otras personas. Los niños tienen grandes capacidades para aprender y desarrollar distintas habilidades; por eso es importante que puedan leer, imaginar, crear y recrear lo que leen.
    Hay muchos cuentos que están incluidos dentro de la “literatura infantil” y a veces tienen mensajes subliminales que el niño va adoptando inconscientemente de tanto leerlos, por ejemplo Blancanieves, que fue mencionado anteriormente. Es racista y les enseña que eso es lo que está socialmente aceptado; es decir, transmiten “ideales” que no todos podemos alcanzar. Hay otros libros que si dejan enseñanzas, son útiles para los niños y transmiten valores que ellos deberían desarrollar para construir una sociedad mejor.

  12. Bustamante, Melisa; Grupe, María Emilia; Ré, Yanina dice:

    Con respecto a lo que propone el autor, estamos de acuerdo en ciertos puntos pero en otros disentimos. El autor plantea que en edades muy tempranas el niño no tiene poder de decisión sobre qué lee y qué no. Nosotras creemos que en la actualidad, la literatura infantil como domesticadora del niño está más vigente que nunca. Según Fernández y Roldán, dos autores que tratan estos temas, “el niño hoy está más condicionado que antes por lo que el adulto quiere que él sea –explicó; con el advenimiento de las nuevas tecnologías, su espacio de imaginación está más invadido y censurado, y ya no le queda lugar para la creación propia. Toda literatura siempre va a tener una ética, dado que siempre va a estar allí el valor apreciativo de un sujeto, pero la literatura infantil debería cuidarse de quedar pegada a determinados valores. El mensaje estético no debe estar soslayado por un mensaje moral o ideológico; la obra debe ser polisémica”. (“¿La literatura infantil es literatura?” – 2011). La literatura infantil moderna debería ser una puerta a la imaginación para los niños poluta de mensajes morales. Nosotras creemos que la función de la literatura es cualquier cosa menos EDUCAR; aunque sí puede llegar a hacerlo. Según la Real Academia Española, la literatura es el “arte que emplea como medio de expresión una lengua”; es decir, la principal función de la literatura es artística, no educativa.
    Teniendo en cuenta la función de la literatura, consideramos que el género “Literatura Infantil” como tal no existe. Sí existen cuentos y relatos para niños y jóvenes, pero ellos no son literarios. La literatura es un arte, y, como tal, es apreciado por adultos. Además, sabemos que también hay cuentos y relatos que tienen un fin educativo, como por ejemplo los conocidos libros de “Autoayuda”; sin embargo, éstos no son literatura tampoco.
    El rol de la televisión puede llegar a ser educativo y moralizante. Hay muchos programas educativos, religiosos y con mensajes morales significativos y muy influyentes. Aquí, los padres deben actuar como una barrera para filtrar lo que no se tiene que ver. La televisión deja todo el tiempo mensajes que están subyacentes y escondidos; por eso, es deber de los padres decodificar esa información y mostrársela o no a sus hijos de la manera más satisfactoria y conveniente.
    Por otra parte, es cierto que los productos cinematográficos son modificados para superar las expectativas de una generación infantil cada vez más demandante. Los cuentos clásicos infantiles como Caperucita y Blancanieves claramente muestran violencia y estereotipos, lo cual va en contra de los valores que se les debe inculcar a los niños.

  13. Fragueiro, Celeste- Freytes Ramos, Fernanda dice:

    Creemos que toda época tiene algo de época feliz..y en los tiempos que nos tocan vivir, aunque existan relatos que quizás sumergen a los chicos en la pasividad o la banalidad como se expresa en el artículo original, de todos modos le podríamos “sacar el jugo” a cualquier manifestación literaria… poniendo el foco en lo que se llama literatura infantil pensamos que una buena manera de abordarla es desde la decodificación de lo simbólico… ¿Es importante que los chicos comprendan que lo que leen o lo que les cuentan, más allá de que a veces se aburran o no tanto, son representaciones de distintas realidades? Si!!! Son diversas formas de presentar la realidad…Representaciones varias de estilos de vida, de personas, de valores, de actitudes, de opiniones sobre el mundo diferentes…y algunas quizás sean más familiares y cercanas que otras.
    Esas representaciones pueden transformarse en imágenes mentales sobre las experiencias de las que los chicos leen o escuchan. Ahora, nuestro punto es, el adulto (y con esto también le damos una cuota de responsabilidad a los más grandes) podría ponerse en un rol de guía para que el niño decodifique y le pueda dar un significado a cada símbolo que hay detrás de cada personaje, de cada situación, de cada lugar. Por más sencilla, tonta, o aburrida que parezca, toda producción literaria tiene un mensaje que puede ayudar “al crecimiento intelectual y a robustecer la nobleza del alma” como plantea Pablo.
    No vemos mal que los chicos puedan elegir la clase de cosas a las que quieren estar expuestos, ya que en cierto modo eso es parte de no mantenerlos ajenos de lo que hay ahí afuera esperándolos… es parte de un proceso de madurez que tendrán que transitar a lo largo de su desarrollo, un proceso que comienza por el reconocimiento del mundo y por aprender a seleccionar de la cartilla de la vida lo que se corresponde con sus intereses y con su realidad. Es parte de brindarles de la posibilidad de ir creciendo y de convertirse en adultos en la libertad, en la toma de decisiones, en el enriquecimiento espiritual, y en la creatividad misma. Pero, por supuesto necesitan una guía durante sus primeras etapas.
    Retomando unas palabras que Pablo incluía en un comentario “ La educación para civilizarlo (…) es una gran tarea y muy difícil, es la dolorosa (y peligrosa) tarea de ponerle límites al niño sin anularlo.”

  14. Nito Biassi dice:

    Gracias Pablo por los comentarios y, coincido en todo en lo que decís sobre los juegos de los niños. Me acuerdo que en mi época nos hacíamos los juguetes por ejemplo con dos maderitas de cajón de manzana una espada; el escobillón era un hermoso caballo de carrera; y con el mismo cajón de manzana, dos palos de escoba y cuatro rulemanes, teniamos un carrito de primera, creo que eso se ha perdido. Como se ha perdido la literatura que entretiene a los chicos, los que leíamos nosotros, Tom Sawyer, Viaje al centro de la Tierra, etc. etc.
    Se que no es el lugar pero, ya que estoy, la lectura de La Palabra, por lo que llevo leído, es atrapante. Creo que en el mismo hay un Pablo y un Alter ego de Pablo. Cuando lo terminé de leer, te plantearé las dudas sobre él.
    Un abrazo hasta Canadá.
    Nito Biassi

    P.D.: El error en mi nombre no me molesta, me alegra, porque Nino es el nombre de un duende de la patagonía, de una serie de dibujos animádos argentina que se llaman Los Peques y yo me identifiqué mucho con él.

  15. M. Belen Roca dice:

    Desde hace un tiempo me vengo planteando una serie de cuestiones respecto a la literatura infantil y a la visión de los niños que tienen los autores que se dedican a esta rama de la producción literaria. En primer lugar, me opongo a la idea de ver a los niños como seres en potencia, sino que, por el contrario, son seres humanos en acto, con capacidades intelectuales y cognitivas para conocer e interpretar el mundo en el que están insertos.
    De esta manera, si vemos al niño como un individuo pleno, cabe preguntarnos por qué son subestimados por los escritores que dicen escribir para ellos. Algunos escritos destinados a los más pequeños parecen ponerlos en el lugar de un ser con capacidad de raciocinio reducida, como una persona a la que le son vedados ciertos temas porque sus cabecitas no están en posición de comprenderlos. Así se ejerce una especie de censura respecto a algunos tópicos y sólo se permite el acceso a aquéllos que no corrompan o perturben su vida.
    De lo anteriormente expuesto podemos deducir que aquellos aspectos de la existencia humana que se presentan como más duros y crueles deben ser excluidos de la literatura infantil porque los niños no cuentan con el nivel de madurez suficiente como para salir ilesos del conocimiento de esa realidad. De nuevo estamos frente a una postura que toma al infante como un ser incompleto y desprovisto de las herramientas para darle sentido a su mundo. Postura esta que considero incorrecta.
    Cuando se trata de ciertos temas, como la muerte, el sexo, el sufrimiento, hechos que acontecen en el mundo en el que los niños habitan, no creo que lo ideal sea eludirlos, sino contar historias no despojadas de estas cuestiones de una forma que siga los lineamientos del lenguaje al que están acostumbrados. Es un error encerrarlos en una burbuja literaria donde el mundo esta poblado sólo de magia y encantos. Respondamos las inquietudes de los niños sobre un mundo que se presenta incierto, con momentos de bondad y maldad, vida y muerte, sin desmerecer su inteligencia. No me parece oportuno evitar asuntos en la literatura destinada a un público infantil. Considero, por el contrario, que el mundo debe ser descrito en todos sus aspectos, quizás, la cuestión radique en cómo contarlo.

  16. Nito Biassi dice:

    Empezaré mi comentario con la definición que dio Melisa de Literatura: “el arte que utiliza como medio de expresión la lengua, especialmente escrita”. Al analizando esta definición dice que es un Arte, y eso es mucho decir. Esta palabra viene del lat. ars, artis, y éste calcó del gr. τέχνη (técnica). Entonces, ¿qué se quiere decir con “calcó”? Significa que el Latín tomó prestado el concepto. O sea arte es una técnica y no una ciencia y menos exacta. Que más nos dice la definición: que utiliza como medio de expresión la lengua. Entonces, utiliz las palabras como medio de expresión de lo que se quiere transmitir. El concepto concluye que es especialmente escrita. Esto es importante porque nos dice que no sólo se limita al lenguaje escrito sino, puede incluirse el oral.

    Hasta aquí el análisis de la definición parte por parte, pero desde el todo de la noción de ars o tecné, podemos inferir que la Literatura como tal es equívoca y no unívoca. ¿Por qué?, porque toda técnica tiene múltiples formas de resolución, y por lo tanto de significación.

    ¿Por qué para la muchos la Literatura es absoluta? Eso se debe al afán “definicionista” del ser humano. Veamos qué es definir. Definir viene del lat. de finire, es decir poner límites. Cuando definimos algo lo limitamos, y al limitarlo lo podemos abarcar y dominar. Y dominándolo lo absolutizamos. Ese mismo afán de definiciones nos hace que una vez definidos los tengamos clasificados para poder ordenar ese maremágnum que es el conocimiento humano. Entonces, inventamos las taxonomía o esquemas donde cada definición (sea de especie animal, ciencia, plantas) es clasificada de acuerdo con una distinción que existe entre ellos.

    Y ahora veamos la taxonomía de la Literatura. He leído tantas clasificaciones de Literatura, que sería muy largo enumerarlas a todas. Pero se pueden resumir en, el origen del que la escribe, el estilo del que escribe y quién es el que la lee. Dentro de la última, se encuadra la literatura infantil, ya que supuestamente ésta va dirigida al público de esa edad.

    Para mí, más allá de que toda clasificación es limitante del dominio que se quiere clasificar, para poder reducirlo en pequeñas parcelas del conocimiento y, de esa forma poder dominarlo, resulta que todas las clasificaciones también son equívocas. Por ejemplo, clasificar la literatura infantil por su estilo y porque sólo la leen los niños puede ser falso. Muchos, incluyéndome, nos hemos deleitado con Harry Potter o Heidi, aunque muchos no los consideren literatura. Ahora, si tomamos la categoría de acuerdo con el origen, ¿podemos hablar de una literatura argentina, de una literatura inglesa, etc.? Yo creo que sí.

    Y si hablamos de los estilos, más allá de las formas literarias, la segunda clasificación es por géneros, (policial, romántico, etc). Entonces, ¿la literatura infantil puede ser un género? Creo que no, ya que depende más de a quién va dirigido que de lo que está escrito. Si fuera por eso, al quién va dirigido depende de la capacidad de la persona que lee. Hay chicos para quienes los supuestos libros de literatura infantil son aburridos y hay adultos que les fascinan, porque, a mi forma de ver, la literatura infantil resulta de la misma definición de Literatura. Esto, mal que le pese a algunos o muchos es equívoca, por lo tanto admite múltiples clasificaciones y acepciones. Por ejemplo, admite la mía: querer clasificar la literatura es como querer clasificar a los hombres por el largo de los pelos.

    Hola Nino:
    Empecemos por una “aneda”, como dicen los pibes. Cuando llegamos a Canadá, me asombró que mis hijos, ya con el dominio del inglés, durante el invierno, en el subsuelo de nuestra casa, nunca querían jugar con canadienses y preferían a hijos de armenios, húngaros o italianos. Sus juegos, a veces eran variaciones de los cuentos que yo les leía, o se inventaban otros. Un día le pregunté a mi hija por qué no querían jugar con los canadienses, a lo que me respondió: “Pero papá, es imposible. No pueden imaginarse que un palo puede ser una espada y necesitan espadas verdaderas”. Claro que ella se refería a los de plástico.
    Y esta es la clave de mi nota (creo). Los niños canadienses (o norteamericanos), descolgados de las pantallas de televisión y salidos de un museo de cera, de aquello que no se pueden imaginar que un cepillo de dientes volante que llevan por el aire haciendo brrrrr, es un avión, sin saber que están y aprendiendo ( Piaget). De esto se trata y algo más.
    No la quiero hacer demasiado larga. Por más que lo tuyo parezca una desconstrucción (y relativización) con un método etimológico, no deja de hablar desde la academia. No digo que no tengas razón, pero se olvida de los tentáculos, los mil pseudópodos del mercado.
    Hoy día (hablo de abismos) hay sesudos estudios de marcado acerca de las edades y los temas que les puedan interesar desde los niños hasta los adolescentes y, por supuesto, hacerlos fáciles. De la llamada “Industria cultural”, se desprende la industria de la literatura infantil. Los viajes de Gulliver son un triste ejemplo de las simplificaciones y/o de las reescrituras y que sufren un editing constante para las adaptaciones y readaptaciones para las mentes cada vez más débiles. Y, por último, por más que “Una imagen valga más que mil palabras”, es un dicho que parece confirmarse con la obsesión de las ilustraciones. Una editorial de Canadá no me publicó Silver porque no acepté ningún tipo de ilustración y tuve que posponer la traducción. En síntesis, no se trata de definir lo que es literatura y qué, sino, por ejemplo, y enfatizo cómo se la destruye hasta la que podría llegar serla. Ni hablar de aquellos que dejaron de escribir cuentos o novelas para especializarse en lo infantil que monetariamente rinde mucho más.
    De cualquier manera, te agradezco sinceramente tu nota tan ilustrativa. Es una contribución perfecta al tema. Saludos.

    Dancing Cat Books is thrilled to announce that Live to Tell, a young adult mystery-thriller written by Lisa Harrington and published in September 2012, is has won the Ann Connor Brimer Award for Children’s Literature of the Atlantic Book Awards! – See more at: http://www.cormorantbooks.com/blog/?p=1521#sthash.z0PUFmrV.dpuf

  17. Celeste Monjes- Julieta Mercau- Belén Lalicata dice:

    Este artículo me pareció sumamente profundo y complejo puesto que abarca una gran diversidad de temas, los cuales pueden ser relacionados con distintas teorías. Me gustaría expresar que coincido con el autor en varios puntos de vista, principalmente cuando dice que la infancia es “la época feliz” en la que no hay “ni expertos ni especialistas” que puedan influenciar la mente de los niños. Sin embargo, difiero con respecto a la opinión del autor sobre la “creatividad del niño”, puesto que para mí el niño en su esencia es creativo. Este argumento se puede relacionar con el pensamiento del pedagogo alemán Friedrich Froebel creador de la educación preescolar y fundador del jardín de infantes, quien consideraba al niño como “un ser de Dios, bueno y creativo“, el cual debe ser tratado dentro de un clima de entendimiento y libertad. Friedrich enfatiza la actividad creativa en los niños, a través de la cual ellos se hacen consientes de su lugar en el mundo. Por lo tanto, Friedrich prioriza la idea de “libertad”; durante la infancia, los niños deben usar su imaginación y dar rienda suelta a sus sentimientos, instintos y creatividad sin que nadie influencie o manipule su mente. Este concepto también puede relacionarse con la cita del escritor argentino Julio Cortázar quien expresa “Es verdad que si a los niños los dejas solos con sus juegos, sin forzarlos, harían maravillas. Usted vio cómo empiezan a dibujar y a pintar; después los obligan a dibujar la manzana y el ranchito con el árbol y se acabó el pibe“.Por otra parte, considerando lo expresado por el autor acerca de ciertos cuentos infantiles populares como La Cenicienta o Caperucita Roja, debo admitir que crecí con ellos. Durante mi infancia no solo me gustaba que me leyeran cuentos de Walt Disney (como La sirenita y La Bella y la Bestia, entre otros) sino que también veía la versión cinematográfica de esos cuentos una y otra vez, y confieso que los disfrutaba muchísimo. Sin embargo, coincido con el autor cuando afirma que la versión original de aquellos cuentos es diferente a la de Walt Disney, ya que los mismos mostraban una realidad perfecta en la que todo era maravilloso, haciéndole creer a los niños que el mundo real es “mágico y perfecto”, es decir, sumergiéndolos en una realidad absurda y falsa la cual difiere completamente del mundo real. Por lo tanto, estos cuentos no preparan al niño para enfrentar el mundo tal como es sino que lo encapsulan en una fantasía absurda. Por último, me pareció sumamente interesante la relación contradictoria que el autor establece entre la televisión y la moral, puesto que lo que ocurre en la televisión carece totalmente de moral. A mi parecer, esto tiene una relación directa con la teoría de agenda setting de Maxwell Mccombs, sociólogo americano, quien resalta el gran poder manipulativo que ejerce la televisión y la mayoría de los medios de comunicación sobre su audiencia, ya que los mismos priorizan hechos pocos significativos o denigrantes como la invasión de la vida privada de figuras públicas (escándalos sexuales, divorcios, etc.) en lugar de maximizar información (noticias) importante y pertinente. Además, debido a la tecnología, los niños hoy en día tienen más acceso a programas y redes sociales banales o absurdos que pueden “corromper” su intelecto. Por ejemplo, muchos de los considerados “canales infantiles” (Cartoon Network, Animax, etc) están llenos de series animadas violentas (Dragon Ball, Pokemon, entre otros) que incitan a los niños a las peleas y a la violencia. A modo de cierre me gustaría destacar el pensamiento del filósofo y escritor británico Bertrand Russell, quien enfatiza la idea de que las personas debemos “pensar críticamente”, lo cual no solo implica adquirir ciertos conocimientos, sino también el disponer de ciertas actitudes (por ejemplo, el ser una persona extrovertida y dispuesta a aceptar diferentes ideas y puntos de vista). Este filosofo tiene una concepción humanística de la educación, ya que él ve a los estudiantes como personas independientes que pueden ser “adoctrinados” por el entorno, a lo cual agrega que con “métodos modernos de educación y propaganda (a través de los medios de comunicación “es posible adoctrinar a toda una población. Por todo lo mencionado anteriormente, coincido con el autor cuando expresa que “expertos y especialistas hunden la mente de los niños en la pasividad, ignorancia y banalidad” y personalmente creo que el sistema educativo actual y la concepción de “literatura infantil “moderna debe cambiar para permitir a los niños ir creciendo y descubriendo su entorno con libertad absoluta, de manera que ellos puedan desarrollar poco a poco un pensamiento crítico que los “prepare” para el mundo. De lo contrario, solo están destinados a recibir ciertas influencias (de los adultos) como “verdades absolutas” sin cuestionarlas, las cuales los manipulan y no les permitir explorar su creatividad al máximo, ya que justamente la infancia es la mejor etapa de la vida a partir de la cual las personas van paulatinamente forjando su personalidad y su carácter.

    Comentario de Pablo:

    Gracias por lo elogios, espero que no me maten por la respuesta:

    Así como hay que tener cuidado en no destruir al niño, también hay que tener mucho cuidado con idealizarlo. A veces el pobre Freud, tan maltratado o alabado, suele tener razón: mientras el superyó o superego de un ser humano (producto de la civilización y cultura) no funciones de manera equilibrada, los límites se pierden y aparece el salvaje que lleva adentro. De esta manera, un niño aculturado, y acivilizado, puede ser increíblemente cruel sin saberlo que lo es. La educación para civilizarlo (dotarlo de superyo) es una gran tarea y muy difícil, es la dolorosa (y peligrosa) tarea de ponerle límites al niño sin anularlo. Considerar al niño “un ser de Dios, bueno y creativo” (El buen salvaje ilusorio), es inocente y si no se enojan, diría que melodramático de buen pastor. No menos inocente es lo que dice Julio Cortázar, el ”Usted vio cómo empiezan a dibujar y a pintar…”. Pregunto: ¿por generación espontánea? Si le damos un crayón a un niño sin mostrarle para qué sirve, lo más probable (y natural) es que para saber qué es, se lo lleve a la boca e incluso lo coma si tiene un buen sabor. La creatividad es romper con lo establecido, el coraje de cambiar la forma de la manzana y el ranchito con el árbol que le enseñaron a dibujar. Sospecho que en muchos casos se confunde aprendizaje con creatividad, los que, por cierto, no tienen por qué se excluyentes.

    Van mi más calidos saludos.

  18. Espíndola, Pamela - Guardia, Berenice dice:

    ¿Por qué existe una necesidad imperiosa de crear literatura infantil con nuevos matices? ¿Por qué prostituir la literatura infantil con fines académicos, pedagógicos y / o morales? Esos son algunos de los cuestionamientos que se plantea la crítica literaria con respecto a la literatura infantil moderna.
    La infancia es una etapa de desarrollo integral y en este proceso de aprendizaje y crecimiento, el niño es influenciado por la familia y por el medio en general. Es importante destacar que el desarrollo es continuo y no termina en la infancia. Sin embargo, la infancia es una etapa clave para alcanzar el desarrollo pleno durante nuestra madurez. Además, es durante esta etapa cuando somos más vulnerables a agentes externos. Por ello, aunque creemos en la literatura infantil como fin y no como medio para expresar conceptos académicos, pedagógicos y / o morales, también respetamos y defendemos la literatura infantil moderna que, según nuestro punto de vista, intenta inculcar valores. La diversidad es buena. Que tengamos la posibilidad de elegir entre un texto literario per se y un texto literario cargado de matices moralizantes es bueno.
    Por otro lado, muchas veces los niños rechazan la literatura “para niños” porque ésta no satisface sus necesidades intelectuales y eligen la literatura tradicional que está cargada de determinados elementos que a los niños les interesa. Este interés responde a las exigencias de sus mentes durante el proceso de conocer y aprender. Sin embargo, la “literatura pedagógica” como guía para los niños durante su proceso de crecimiento debe existir a la par de la literatura tradicional, la que tiene como fin distraer y generar placer, divertir y excitar curiosidad, estimular la imaginación, clarificar emociones, estar acorde con las necesidades y aspiraciones de los niños.
    Con respecto al rol de la televisión, disentimos con Melisa. Creemos que la televisión no tiene el mismo efecto moralizante que puede llegar a tener un libro. Tal como lo afirma Pablo, “Esas cosas no existen en la televisión”. Además, el tiempo que un niño pasa frente al televisor es tiempo que le resta a otras actividades importantes como la lectura, el juego y la interacción con la familia y la sociedad. Aunque los niños también pueden aprender cosas mientras miran televisión, algunas pueden ser educativas y otras inapropiadas. En la mayoría de los casos, los niños no saben diferenciar entre lo apropiado y lo inapropiado, como dice Pablo “el niño irá al canal que más le interese.”

    Comentario:

    Una cita no me acuerdo de quién: “Una persona es la síntesis de sus vínculos.”

  19. A. P. dice:

    Hola Meli: Muy interesante tu comentario; además de ordenado y claro. Te felicito porque te animaste a disentir y a plantear cuestiones para la discusión.
    Acá, como bien sabes, es fin de semana largo, y estoy muy dispersa como para responderte como lo merecés. Apenas tenga un rato más tranquila, lo hago. Cariños. Alejandra

  20. Melisa Tisera dice:

    Me resultó muy interesante leer este artículo porque da lugar a un profundo debate sobre literatura, literatura infantil, creatividad, cuentos, historias infantiles y televisión, entre otros conceptos que se interrelacionan. Me gustaría empezar mi comentario definiendo a la literatura y a la literatura infantil. Según la Real Academia Española, la literatura es “el arte que utiliza como medio de expresión la lengua, especialmente escrita”. Se entiende por literatura infantil a aquella “dirigida hacia el lector infantil, más el conjunto de textos literarios que la sociedad ha considerado aptos para los más pequeños” (Bravo-Villasante, 1959). Con el término “aptos” la autora debe referirse al hecho de que hay ciertos temas y morales que son apropiados para los niños y sus capacidades de comprensión, niveles de aprendizaje y desarrollo emocional, tales como cuentos sobre amistad, héroes, villanos, aventuras o el cuidado del medio ambiente; y hay otros que no, tales como textos sobre sexualidad, muerte, tragedias o enfermedades. Pienso que no son aptos ya que el nivel de madurez de los niños puede impedirles la comprensión del vocabulario utilizado y por otro lado estos temas serios pueden dejar secuelas peligrosas en ellos si no son explicados y profundizados por un adulto competente en la etapa adecuada en la que el niño puede comprenderlos.
    En lo personal, disfruto mucho de los cuentos infantiles, tanto de los antiguos como los modernos, ya que tengo dos sobrinos y muchos alumnos a los que les encanta que les lea cuentos y disfrutan mucho de los eventos y los dibujos. También aprenden muchísimo de las moralejas y te las recuerdan cada vez que se ven envueltos en una situación similar a la del personaje. Es por eso que al leer este artículo me sentí muy sorprendida y en desacuerdo con la mayoría de las ideas expuestas (que creo que es lo que Urbanyi busca provocar en sus lectores).
    Por un lado, no creo que en la actualidad todos los escritores “hundan las mentes infantiles en la pasividad, la ignorancia y la banalidad”, por el contrario, creo que fortalecen su desarrollo cognitivo, ejercitan su imaginación, su memoria y su creatividad (otro concepto que aparece denigrado en este texto). La creatividad implica invención, innovación, voluntad de modificar o transformar el mundo, la capacidad de encontrar soluciones originales, entre otras cosas y la gran mayoría de los cuentos infantiles apunta justamente a desarrollar el poder imaginativo de los niños. Además la creatividad y la imaginación son consideradas de gran importancia en la actualidad en varios ámbitos de la vida cotidiana para desempeñarse exitosamente en los diversos roles que cumplimos.
    Al referirse al rol de la televisión, tampoco estoy de acuerdo con la postura tomada, pues me parece que los canales para niños permiten y fomentan en gran medida el crecimiento intelectual de los niños y ya sea por su propia elección o la de un adulto, ellos van a esos canales y les encanta ver los programas y aprender cosas nuevas, disfrutar de sus canciones que en su mayoría tienen un fin pedagógico.
    En cuanto a las versiones cinematográficas de Walt Disney de los cuentos clásicos, si coincido en que han sido modificadas pero solo para crear una herramienta que permita unir la fantasía y la imaginación con el mundo real de los niños y para que también aprendan de sus desenlaces. También hay estudios lingüísticos que ratifican la presencia de discriminación hacia el extranjero y las minorías mediante la asignación de un acento marcado a los personajes malos de la historia (véase Lippi-Green, 1997) Además se criticaba a la productora por no incluir personajes de tez oscura en sus películas hasta la creación de “La Princesa y el Sapo” en donde aparece la primera princesa afroamericana de Disney. Para finalizar, quiero destacar la importancia de los cuentos y las películas en permitirles a los niños un escape de la realidad dura que a veces les toca vivir. Es por eso que creo que como docente que voy a ser, es muy importante fomentar la lectura desde una temprana edad.

    Espero sus comentarios! =)

    Estimada Melisa: tu nota y observaciones son excelentes para la polémica. Hoy es viernes, aquí son las 16:30 de la tarde y estoy por salir a un acto pasivo: para ver una película argentina de las que por aquí, pasan muy pocas. Haré mis comentarios probablemente el lunes ya que parte del sábado y el domingo estaré con mis nietos (6 y 10 años). Ah, sí, se me ocurre que aquí podría hacer un pequeño comentario a un mínimo fragmento de tu nota. Soy tan sádico que para visitarlos les puse como condición que, mientras estemos con ellos, no podrán jugar con juegos electrónicos (la cara metida en una pequeña pantalla y la mente y el alma absorbida por ella) ni mirar televisión (la gran pantalla que les absorbe la mente, el alma y el cuerpo). Y el papel de los abuelos: convidados de piedra. No, lo que habrá se llamó técnicas de interacción: ajedrez, dominó, incluso cartas y ahora en verano, al fútbol o a los policías y ladrones, siempre y cuando no tengan visitas de otros amiguitos.
    Que tengas un buen fin de semana. Pablo.

  21. Pablo dice:

    Alumnos; las páginas son para ustedes y utilícenlas como más les guste. Si puedo intervenir con algo sensato, lo voy a hacer.

    Suerte.

    Pablo

  22. A. P. dice:

    Hola Pablo. A algunos de mis alumnos les pareció muy interesante este artículo y yo les propuse una discusión sobre este tema acá en tu página, así podían preguntarte lo que quisieran. No es necesario que nos contestes si estás muy ocupado, pero de todos modos, si no te molesta, lo vamos a hacer aquí.

    El tema es complejo porque cuando me preguntan por la literatura infantil yo suelo contestar que eso no es literatura. Y así lo pienso. No creo que haya tipos de literatura para cada edad. ¿Sino, cuál sería la Literatura para la Tercera Edad, etc.? Pero inevitablemente la respuesta que doy lleva directamente a la pregunta sobre ¿qué es Literatura?. Lo dejo así planteado y espero los comentarios de los estudiantes y los tuyos, si podés.

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