La institución llamada “universidad”, en la que se imparte una enseñanza superior, es casi tan antigua como la Iglesia. Funcionó a través de los siglos rodeada de muros, una especie de cáncer mental. Con un elitismo a ultranza, graduaba a sus estudiantes con vinchas de acero en la frente, otorgando títulos que, por lo menos aparentemente, garantizaban una sabiduría básica en este mundo poblado de seres humanos que despoblaban los médicos diplomados. Es cierto que lo hacían y lo hacen en cuentagotas y están muy lejos la hazaña de los padres de la bomba atómica. Las materias como “moral” o “ética”, cursos no siempre obligatorios, no ayudaron mucho.

Con el tiempo, ante esa elite y la universidad propiamente dicha, fueron surgiendo otras como Universidad abierta y Universidad popular, que permitían el acceso de gente de pocos recursos, pobre pero digna. Tienen una gran ventaja: parecen o están sumergidas en medio del pueblo. Pero esto es cosa de latinos, y si apareció alguna en EE.UU., hay latinos de por medio.

En el norte del continente americano siguen siendo pagas. Divididas en departamentos, no pocos de éstos, por razones presupuestarias en la crisis que estamos viviendo, están rodando cuesta abajo, amenazada su existencia, a punto de cerrarse o ya cerrados. Los departamentos más apremiados son los pertenecientes al rubro “arte”. Los que preparan ingenieros y sabios para fabricar variantes de la bomba atómica u otras chucherías tecnológicas gozan de muy buena salud.

Dentro del rubro “arte” se encuentran las lenguas modernas (las antiguas ya están olvidadas), y entre éstas, tan querida por nosotros, la española. Y aunque podemos decir con absoluta seguridad que no diplomarán a otro Cervantes, deben sobrevivir para asegurar la hamburguesa de cada día a sus profesores.

Así, para sobrevivir y tener ayuda numérica, quieren abrirse al público (no al pueblo, al público) y proyectan películas, fundan clubes con el nombre de “Entre Cuates” o, con el apoyo de las embajadas, presentan libros.

Y nos encontramos ante una circular que dice:

El Programa de Español de la Universidad de ******* y el Club ENTRE CUATES, con el gentil auspicio de la Embajada de la República *******, tienen el agrado de invitar a la presentación del libro de poemas Apuntes del almario, de A***** B*****.

El acto se realizará el día ** de abril, a las 7 pm (y no 19 hs), en el Edificio Simón, aula CXXIX.

Se agradecerá su presencia y la difusión de este evento.

A***** B***** incursiona en la poesía desde los quince años, edad en la que el desplazamiento territorial de la familia y las distancias irreparables creadas por ese cambio de residencia condicionan profundamente su creatividad artística, desgarrada entre su natal Argentina y Canadá. A lo largo de estos años fue vertiendo su sensibilidad en diversos escritos que se fueron almacenando dentro de almarios depositados entre Sandy Hill y Ottawa, trayecto del cual capta en poesía vivencias y momentos que ahora entrega bajo el título de Escritos de almarios, su primer poemario.

Comentario:

Si bien el lenguaje de la descripción anterior es un poco cursi (académico, actual, periodístico) y las palabras que expresan dolor bofes sanguinolentos colgados de los ganchos de una carnicería, hoy por hoy, al estilo de la TV de California, toda exhibición es posible.

Biografía:

A***** B***** nació en Buenos Aires, Argentina, y reside en Sandy Hill desde hace diez años. Actualmente hace sus estudios de Márketing en la Universidad de ******. Además de la poesía, cultiva también el arte de la fotografía en blanco y negro.

Comentario:

El autor de este diario cultiva rabanitos, marihuana y plantas venenosas. Debe confesar que envidia profundamente esta capacidad (¿moderna, actual?) de combinar la tecnología (el márketing) con el dizque arte de la poesía.

Como conclusión, supongo que como demiurgo (alma universal, principio activo y origen del mundo), la tecnología y la técnica del marketing le ayudará a venderse mejor, el secreto para una vida más feliz.

En fin, en todo esto hay algo banal y una tristeza profunda, pero es lo que hay y de algo hay que vivir.

 

Reconstrucción  de Los Atributos Perdidos para  el diario de Pablo Urbanyi

Be Sociable, Share!

Relacionados

11 Comentarios to “¿Qué hacer? por Vladimir Ilyich Lenin”

  1. A. P. dice:

    El sábado 29 de junio, en el auditorio de la Facultad de Lenguas, horario a confirmar, nuestro grupo de investigación presentará en un Coloquio los temas que copio a continuación:
    1. Presentación del proyecto sobre “Las máscaras de la ironía en la ficción contemporánea”.
    2. Presentación de la página web del escritor argentino-canadiense Pablo Urbanyi.
    3. Análisis del uso de la ironía en dos cuentos: “Corderos del Señor” y “Derechos humanos: la causa común del referido escritor.
    4. Análisis de la entrada de Diario de Urbanyi del día 27 de abril del corriente año: “¿Qué hacer?” como un excelente ejemplo de ironía.
    5. referencia a J. Swift como uno de los modelos que siguió Pablo Urbany.
    6. Análisis de “A Modest Proposal”.
    7. Conclusiones.

  2. A. P. dice:

    Gracias a todos los comentarios y a Pablo por su respuesta a Paulina. Creo que cada uno de ustedes lo ha enfocado de manera diferente: Algunos analizaron el contenido de este diario del escritor, y otros se concentraron más en los aspectos irónicos que fueron encontrando. No quiero entrar en detalles en este espacio porque en la próxima reunión comentaré cada una de sus opiniones. Pero en general, hay algunos aspectos que me llaman la atención y que me gustaría que tanto ustedes como Pablo hicieran un breve comentario.

    1. Paulina cita a Jorge Portilla (cuya definición aparece en un Glosario de términos de ironía narrativa): “la ironía nos libera hacia un valor positivo, el humor nos libera de un valor negativo, de una adversidad” y Pablo le responde, con un dejo de sutil ironía, que “Cre{o} que hay que tener mucho cuidado con las posibilidades que nos dan las palabras. Y hay muchas definiciones que pueden contener verdades a medias o aparentes.” Concuerdo con que la definición es decididamente un juego de palabras o mejor dicho una tautología retórica. Pero mi pregunta va dirigida a la distinción entre humor e ironía. Creo que, según lo que he estudiado de algunos críticos clásicos como D. Worcester, D. (1969) en The Art of Satire, el humor es un “elemento” de la ironía que se produce por el otro elemento “la contradicción entre lo que se dice y lo que se piensa”. Me parece que yo no pondría a la ironía (figura retórica) y al humor (“modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”, RAE) en el mismo plano. La ironía puede ser una figura literaria que se constituye como elemento de algunos géneros y subgéneros literarios (sátira, parodia, historietas cómicas, etc.) y también puede ser hasta incluso una forma de vida (“a way of living” según Worcester). Y el humor es un elemento de la ironía.
    Nota: uno de los problemas, y creo que es verdaderamente problema e ironía, es que al comunicarnos por este “medio virtual”, todos tendemos a “googlear” (término horrible que suena más a ahogo -glu, glu, glu- que a búsqueda) y así accedemos a definiciones y frases descontextualizadas. Sería más interesante, y hasta “bello”, sentarnos en el suelo, alrededor de una estufa leña, rodeados de libros,etc., y discutir los temas personalmente, y sacar libros de la biblioteca donde encontremos teorías que sostengan nuestros argumentos, o estrujarnos el cerebro pensando ideas propias. Pero, en fin, es lo que hay (y de algo hay que vivir…). Y también hay mucho de banal y de triste en este hacer.

    2. Gustavo deja vislumbrar, desde mi punto de vista, un excelente debate a partir de la pregunta “¿Qué hacer?” y la respuesta “Acabar con el tercer período” del texto de Lenin . Me pregunto y les pregunto, ¿a qué denominaríamos cada uno de nosotros el tercer período?. Clasicismo, modernidad, posmodernidad…No sé, podemos pensarlo juntos y comentarlo aquí.

    3. Creo que en una sola de las respuestas, la de Carlos, se menciona a AB, autor u autora de Apuntes del almario. En mi opinión, los dos “comentarios” finales sobre esta obra son especialmente irónicos y dicen mucho más que lo que muestran, lo mismo que la última oración en negrita (en “blanquita”): “En fin, en todo esto hay algo banal y una tristeza profunda, pero es lo que hay y de algo hay que vivir.”

    Me gustaría leer sus interpretaciones de este último punto también. Pablo, todos tus comentarios, observaciones y opiniones son importantes, útiles, y “jugosos” para nosotros.

  3. Paulina Rivarola dice:

    En el texto “¿Qué hacer? por Vladimir Iliych Lenin”, el autor, desde el título, invita al lector a realizar una reflexión acerca de la situación y el desempeño de las “universidades” en EE.UU. En la primera oración la palabra “universidad” está directamente asociada con la institución de la iglesia. Sin lugar a dudas, el uso de las comillas nos da la pauta de que la idea de “universal” o “genérico” no tiene relación con la verdadera actividad de las universidades en la actualidad. Si tenemos en cuenta la comparación con la institución de la iglesia (que sin duda alguna hace referencia a la iglesia católica de Roma), la iglesia recibe el nombre de católica porque “católica” es sinónimo de universal o general, ya que su enseñanza superior se basa en los principios de universalidad de la fe cristiana impartida por su líder Jesucristo. Ambas instituciones, a pesar de ser antiguas y de ser tradicionalmente famosas por impartir una “enseñanza superior”, parecen no haber prosperado en su verdadero propósito, sino que han crecido detrás de sus muros (o mentalidad obtusa) con una política elitista y de exclusión y con crecientes divisiones. Así mismo, se plantea la inefectividad de materias como ética y moral, ya que al parecer, estas universidades han diplomado a los “padres de la bomba atómica”.
    El surgimiento de universidades abiertas o públicas permite que aquellas personas de bajos recursos tengan acceso a una educación superior, pero ¿con que necesidad vale aclarar que son “pobres, pero dignos”?
    Sin embargo en el norte, las universidades todavía son pagas y aquellos departamentos como “Arte” parecen verse amenazados por la falta de recursos económicos para sustentarlas. Indirectamente, se hace referencia a la disminución de calidad de la enseñanza impartida ya que los profesores no obtiene un salario digno, sólo para sobrevivir. La continúa comercialización de la enseñanza es puesta en evidencia y lo relaciona con las lenguas modernas (porque las antiguas ya han sido olvidadas), aunque posiblemente las modernas puedan correr la misma suerte ya que, como acabo de mencionar, parece que los catedráticos le han restado importancia a su enseñanza. El autor menciona a Cervantes, algo que llama mi atención ya que “No existen datos precisos sobre los primeros estudios de Miguel de Cervantes, que, sin duda, NO llegaron a ser universitarios” (http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Cervantes).
    Con respecto al autor, en mi opinión, tenemos dos opciones: Lenin por un lado y Urbanyi por el otro. Ahora bien, ¿Es realmente Lenin el autor del relato o es el mismo Urbanyi quien se encarna en la persona de Lenin, referente emblemético de la ideología marxista y popular, para intensificar la ironía en el relato? Creo que la respuesta es afirmativa.
    Mi pregunta al Sr Urbanyi: En una de las tareas del grupo se nos invitó a reflexionar acerca del humor como un elemento esencial de la ironía. En un artículo que leí recientemente, separa al humor de la ironía y los presenta como dos conceptos que, aunque suelen llevar a la confusión, son totalmente distintos. ¿Cuál es su postura con respecto a esta afirmación? Una de las afirmaciones decía: “Según J. Portilla, “la ironía nos libera hacia un valor positivo, el humor nos libera de un valor negativo, de una adversidad”, op. cit. p.74.” (Lauro Zavala)

    Hola Paulina:

    Creo que hay que tener mucho cuidado con las posibilidades que nos dan las palabras. Y hay muchas definiciones que pueden contener verdades a medias o aparentes. Releí cinco veces lo que dice J. Portilla y aunque separe humor e ironía y le atribuya distintos fines, esencialmente son los mismos. Arthur Koestles, como acto de creación, define al humor como “la resolución de lo imposible o de las contradicciones”, definición que ya de por sí es un poco irónica. Para mí la ironía como elemento de conocimiento y liberador, es prácticamente imposible de separar del humor. Y eso sin contar que hay ironías amargas, burlonas que incluso pueden referirse a uno mismo (para soportar esta mala vida) y de las asociaciones que se nos ocurran. No por nada hablamos de “creación”.

    Suerte con el curso. Pablo.

  4. Carlos dice:

    En su diario, Lenin desde su fría tumba denuncia la mercantilización de las universidades en los países del Norte americano de nuestro tiempo, poniendo en evidencia como esta formación Universi-taria es cada vez menos universal, y mas “departamental-fraccionaria”, lo que ofrece un ejemplo claro de la ironía. En un plano intertextual, hay cierta parodia en la manera como el texto imita el lenguaje y pretende ser el diario de Lenin, y el diario de Urbanyi al mismo tiempo. Esta doble función es relevante pues las relaciones textuales construidas también tienen una intención irónica y paródica. En la dimensión architextual, un diario supone cierta subjetividad e intimidad en la escritura, cierto grado de confesionalidad autobiográfica. Lenin surge como una búsqueda por extremizar y radicalizar una posición política auténtica que termina en caricatura. Así, Urbanyi hace su denuncia a través de Lenin contra el sistema Universi-tario norteamericano y mas adelante la idea de universalidad aparece para contrastar lo anterior: “Como conclusión, supongo que como demiurgo (alma universal, principio activo y origen del mundo), la tecnología y la técnica del marketing le ayudará a venderse mejor, el secreto para una vida más feliz.”. El supuesto A***** B***** no es otro que el mismo Urbanyi de nuevo, pero esta vez auto-referido en su ocupación y en lugares como Canada y Argentina, y aún más específicos Sandy Hill y Ottawa, donde queda el campus en el cual Urbanyi pudo haber trabajado como profesor de español. En una referencia metatextual: “Si bien el lenguaje de la descripción anterior es un poco cursi (académico, actual, periodístico) y las palabras que expresan dolor bofes sanguinolentos colgados de los ganchos de una carnicería, hoy por hoy, al estilo de la TV de California, toda exhibición es posible.” el autor parece criticarse a si mismo (incluso en su actitud marketinera) y a sus diarios en múltiples niveles textuales. Al final, ¿es un diario, no?

  5. Paula García Ficarra dice:

    El texto ¿Qué hacer? Por Vladimir Iliych Lenin se presenta, ya desde su título como un detonante para el lector, a quién se lo invita a reflexionar, no sin ayuda, acerca de la actual situación de las Universidades abiertas o populares en “los nortes de América” y además, se lo desafía a hacer algo al respecto. Su autor se apropia de la voz de Lenin para expresar una crítica a la sociedad centrándose esta vez en las Universidades de América del Norte.
    La intertextualidad expresada en el título del corpus, nos referencia al texto escrito en 1902 por Lenin; sin embargo, incluso sin haber leído el mismo, podemos inferir que se trata de un desafío o llamado a la acción expresado en los términos de un revolucionario defensor de las ideas comunistas. Dentro de este contexto comenzamos a leer sobre la Universidad y sus orígenes, la misma se proyecta como una Institución impartiendo una “enseñanza superior”, tan “antigua como la iglesia”, “elitista”, un “cáncer mental”. El autor nos induce entonces a una visión muy clara de la universidad en sus comienzos: una institución cerrada –en todo sentido-, oligarca y autoritaria que impartía títulos similares a los títulos de nobleza de la antigüedad. Títulos que otorgaban prestigio a través de “las vinchas de acero en la frente” de sus graduados, pero que a la vez se convertían en una proliferación de células descontroladas terminando en una enfermedad mortal, en lo que el autor llama “cáncer mental”. No obstante, los diplomados no parecen gozar de tanta excelencia ya que son los encargados de despoblar el mundo, ya sea a cuentagotas o masivamente como los universitarios creadores de la bomba atómica. Aquí el autor se encarga de recordarnos que la “ética” y la “moral” impartidas en la llamada enseñanza superior de los cursos universitarios no han servido de mucho.
    Luego nos presenta las nuevas universidades “abierta” y/o “popular” creadas por latinos en las que se incluye al pueblo o gente de “pocos recursos” y establece el contraste entre los faltos de ética y moral anteriormente mencionados y la gente “pobre pero digna” de estas nuevas universidades. Dentro de las mismas, también podemos identificar el contraste entre los departamentos de “arte”, en vías de extinción por falta de presupuesto y los departamentos destinados a crear ingenieros, departamentos que se encuentran en excelentes condiciones: “Los que preparan ingenieros y sabios para fabricar variantes de la bomba atómica u otras chucherías tecnológicas gozan de muy buena salud”. El efectivo uso de la ironía para describir a la bomba atómica como “chuchería tecnológica” se conjuga con el sarcasmo de la frase “gozan de muy buena salud” para representar la aberración que significa solventar estos departamentos destinados a crear armas para destruir la humanidad desplegando una falta total de “sabiduría” al hacerlo y a la vez, desfinanciar aquellos que se orientan a las artes, al desarrollo del alma y que sólo sobreviven para asegurar los ingresos mínimos para sus profesores. Para llevarnos a esta conclusión, el autor hace referencia a la conocida frase “asegurar el pan de cada día”, sólo que la modifica cambiando la palabra pan por hamburguesa, extrapolando de este modo el origen latino de esta frase con su aplicación en el contexto norteamericano en el que, aparentemente, la hamburguesa se concibe como lo esencial para la mesa de todos los días. Así nos introduce en las estrategias utilizadas por los departamentos de arte para lograr sobrevivir y nos muestra una circular invitando a la presentación del libro de poemas “Apuntes del almario”, no sin antes advertirnos que se trata de estrategias de venta basadas en las leyes del mercado: “Así, para sobrevivir y tener ayuda numérica, quieren abrirse al público…” En esta circular es posible identificar numerosas de estas estrategias, a las que el autor hace referencia explícita en sus comentarios: “lenguaje (…) cursi (académico, actual, periodístico)”, a las 7 pm (a lo norteamericano) y no a las 19 hs como se diría a los fines de expandir la cultura latinoamericana tratándose de una conferencia en Español, presentación del autor del libro como estudiante de Marketing de la universidad y a la vez, como “cultivador” – sólo a manera de hobby – del arte de la fotografía en blanco y negro.
    En su conclusión, el autor nos presenta su propia perspectiva. Nuevamente apelando a la ironía, nos habla de su admiración por la capacidad de combinar los estudios de marketing con la poesía (“la tecnología y la técnica del marketing le ayudará a venderse mejor”) y compara el uso de la palabra “cultivo” para referirse al arte de la fotografía con el uso correcto de dicha palabra describiendo sus propios cultivos, tan diferentes a los del poeta. Entre ellos describe el de “plantas venenosas”, refiriéndose probablemente al “arte de la crítica” tan característico de sus escritos. Termina su texto expresando la tristeza y la banalidad que toda esta situación le genera.
    Es importante destacar el escrito al pie de página: “Reconstrucción de los Atributos Perdidos para el diario de Pablo Urbanyi” Recién al final del texto, la palabra “reconstrucción” nos remite a la verdadera intención del escrito. Se trata de un llamado a la nueva elaboración en este caso de los atributos personales que se van perdiendo en pos de las estrategias de marketing exigidas por la sociedad capitalista en que vivimos. Este llamado a la acción, expresado nada menos que el diario de autor, comparte por ende ciertas características con el género columna en que se relata un acontecimiento incluyendo apreciaciones del autor combinando elementos de la realidad con la ficción. En este caso, el columnista o colaborador con el diario de Pablo Urbanyi estaría representado por la voz del enunciador: Lenin, otorgando de este modo una significación adyacente a lo dicho debido a las particularidades del supuesto autor.
    Entonces me pregunto: ¿Es posible identificar en nuestra realidad, Universidad Nacional de Córdoba, situaciones como las planteadas? ¿Es posible reconstruir nuestros Atributos Perdidos para no caer en estrategias de marketing que apunten a vendernos mejor? ¿Es posible haber abierto los ojos a estas realidades y no “hacer” algo al respecto?

  6. maría laura dice:

    Siendo el día de los trabajadores, y meditando casualmente sobre la “autoridad” de las universidades, los gobiernos, la elite de turno, la iglesia, los funcionarios públicos, etc, etc, etc … ya que la lista sería aburridísima y casi interminable, me animo a decir que en una comunidad verdaderamente libre, las garantías y métodos para una feliz convivencia debieran gestarse desde abajo, en una decisión conjunta, que responda a la presión de las circunstancias; nunca podrían ser “impuestos” desde arriba, desde una posición de poder y privilegio, ya que, ineludiblemente, estaría excluyendo a la experiencia popular.

  7. Gustavo dice:

    En su ¿Qué hacer?, Lenin describe y desarrolla, entre otros, la historia de la socialdemocracia rusa, a la que divide en tres períodos. Lenin indica que, al momento de redactar y publicar el texto (1901-1902), él y sus contemporáneos están viviendo el tercer período: “el período de dispersión, de disgregación, de vacilación.” Lenin cierra su texto con la pregunta, y entonces, “¿qué hacer?”, a la que responde: “Acabar con el tercer período.” Me preguntaba si Pablo también propone algo similar, es decir desterrar la fragmentación y la irresolución, en virtud de construir un proyecto “educativo” distinto o una concepción distinta de educación? Si hablamos del rol de las universidades, sobre todo en los nortes del continente americano, creo que irremediablemente nos acordamos de la posición de N. Chomsky, en su reconocido artículo de la revista Z. Allí, Chomsky justamente habla de las denominadas “universidades elite”, las que se establecen como centros de poder, junto con otras instituciones, como los gobiernos o las corporaciones. Las universidades, sobre todo las que reciben financiación privada, lejos de ser independientes, colaboran en la socialización de muchos, excluyendo a unos pocos que piensan o sienten de manera diferente. En el mismo artículo, Chomsky nos recuerda el texto de G. Orwell de la década del 40, Rebelión en la Granja, y el análisis descontextualizado que durante tanto tiempo se hizo de este texto. Debido a que la introducción se censuró durante unos 30 años, muchos sostuvieron que la crítica (sátira) de Orwell estaba dirigida exclusivamente a la Unión Soviética y a su “totalitarismo”. Sin embargo, en esa introducción, casualmente censurada, Orwell indica que, si bien su texto refiere a la Unión Soviética, la situación en Inglaterra no es, en realidad, muy diferente. Intentando volver sobre el texto de Pablo, será que la situación no es tan diferente entre los nortes -contexto altamente gobernado por centros de poder y de distribución de conocimiento privados- y los sures, donde parece ser que aún gobiernan las instituciones educativas públicas pero que mucho de “independientes” no les queda?

  8. Nito Biassi dice:

    Corrijo una pregunta que hice: ¿El aumento de Universidades pagas es por el triunfo de una corriente economicista en al cultura? o ¿Por qué el estado abandonó su rol y lo dejo en manos privadas? debe ser ¿El aumento de Universidades pagas es por el triunfo de una corriente economicista en al cultura o porque el estado abandonó su rol y lo dejo en manos privadas?. Disculpen después de leerlo bien me dí cuenta de que no tiene nada que ver como estaba a lo que quería preguntar.

  9. Nito Biassi dice:

    Coincido con el autor en que las Universidades cuentan con un pasado elitista, que el sueño de la Reforma Universitaria y del mismo Lenin en Rusia, que luchaba por una educación popular, no pudieron cambiar.
    La gran mayoría de las Universidades en el mundo son pagas y caras. En ese ámbito economicista y de mercado, la cultura es un bien más que se maneja por la ley de la oferta y la demanda, las universidades también. De esa forma se hace una competencia intra universitaria y sólo sobreviven los estudios que tienen mucha demanda, no sólo por los alumnos que concurren sino, por el mercado con los egresados que son buscados para trabajar devolviendo a la sociedad lo que la universidad le dio.(a cambio de algunos dolares la hora)
    Las artes y alguno que otro estudio, no tienen una alta demanda, por lo tanto, o perecen en café literarios con cuatro o cinco bohemios o se alía a la tecnología del marketing y entre ambas surge el Gestor Cultural, una especie de demiurgo que busca mecenas (Comercio, Bancos e Industrias) que apuestan (con las apuestas a favor 10 – 1) por esa cultura, que las Universidades no solventan por la falta de demanda.
    Esta cuestión de las Universidades pagas, también está llegando a los países latinoamericanos, donde hay un aumento de las mismas en proporción a las gratuitas. La cuestión de Gestión Cultural también, acá en Córdoba el curso (para mayor aseveración que predomina lo económico sobre lo cultural) lo da la Facultad de Ciencias Económicas.
    Mis preguntas al Sr. Pablo Urbany son ¿El aumento de Universidades pagas es por el triunfo de una corriente economicista en al cultura? o ¿Por qué el estado abandonó su rol y lo dejo en manos privadas? y la última ¿Cómo se puede impedir que esta corriente termine con las universidades Abiertas o Populares?
    Gracias.

  10. A. P. dice:

    Otra pregunta:¿Quién es la voz que relata? ¿La misma que comenta? ¿Lenin? ¿Los Atributos perdidos? ¿Pablo Urbanyi? Si este texto está en el género “Diario”, debe tener ciertas características del mismo. ¿Tiene el narrador un tono intimista; se habla a sí mismo? ¿O le habla al lector? ¿En qué partes se sienten directamente aludidos? Etc. … Les anticipé que acá hay mucho.

  11. A. P. dice:

    Hola a todos. Me gustaría que al análisis lo hagan línea por línea, porque en cada una hay ironía o sarcasmo (ironía muy explícita). Empezando bien desde el principio:¿título? ¿autor?. Primera oración:¿Qué sensación le queda al lector cuando el autor pone el término universidad al lado del de iglesia aunque sea para compararlos por su antigüedad?

    Y así sucesivamente… Tienen para mucho… ¡Suerte!

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)

© 2011 Pablo Urbanyi Sitio Oficial Suffusion WordPress theme by Sayontan Sinha