Me sorprendí mucho al enterarme de que la palabra “cultura”, salvo para el cultivo de verduritas, su raíz del latín, no viene desde la noche de los tiempos. Nació hace unos doscientos o trescientos años, y a través de sucesivas metamorfosis en su significado llegó a la posibilidad de ser manoseada como hoy, incluyendo el cachondeo cultural. 

Ni los griegos, que acunaron nuestra desastrosa civilización, la utilizaban. En su lugar, hablaban de algo así como de la paideia. Para ser más claro y breve: en vez de blebletear sobre la cultura, la integraban a sus creaciones y la vivían.

En resumen, ahora se habla de “culturas”: de la cultura de las tribus indígenas, de la cultura física, de respeto a las culturas, de la cultura de la corrupción, para llegar a lo que yo no dudé en llamar cultura de taquito o cachondeo cultural. También, ante mi ignorancia sobre el tema, pensé en un recetario de cocina o una lista de compras.

Pero para ser más coherente y explícito tengo que contar de dónde salió o qué me dio el impulso de escribir este capítulo de mi diario. La respuesta es muy simple y muy culta: la inspiración me la dio una musa del Parnaso de Página 12 con un artículo culto sobre cultura.

Ya su título, “Renovadas tentaciones de lectores que no se resisten”, me tentó, sin saber “lectores” de qué, y el “no se resisten” lo admiré como un hallazgo de la atracción de algo profundamente misterioso, quizás un poco marketinero. Tal vez fuera el comienzo del artículo: “El cuerpo de novedades…”, femeninos en mi mente, con tatuajes para ser explorados en sus detalles más mínimos y más profundos. Vi un error en “Los sellos proponen y los lectores disponen”, que en realidad tendría que haber sido: “Los lectores proponen y los sellos disponen a mazazos de palabras”, pero somos humanos.

“En la ensalada de nombres…” (bajas calorías) sigue una ristra de apellidos internacionales, una auténtica ensalada mixta, una mezcla, algo así como dice el tango: “Mezclao con Stravisky va Don Bosco y “La Mignón”, Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín”. Aquí es donde me confundí, ya que bien podía tratarse de una lista de compras (y lo es) o de elementos para la ensalada cultural (también lo es).

En la lista de compras se menciona a varios “inéditos”, que bien pueden ser verduras de Oriente (o locales, bah) nunca degustadas, y una verdadera sorpresa que un ama de casa emprendedora, como la autora del artículo, nos puede brindar y que probablemente tengan mucho que ver con la temporada alta, o sea verduras estacionales.

Ups, apareció la cultura física con “el puntapié inicial”. Se debe felicitar a la periodista, feminista delicada al fin, por su talento y creatividad en las expresiones enérgicas. Pensando en mi vida, sentí pena por su marido, si es que no fue más valiente que yo y se escapó.

Dos autores, además del formato digital, se van a servir en “Dos platos fuertes desplegará Ediciones de la Flor…”. Algo así como el ají p… parió. Uno estará prologado por un escritor famosísimo, tan famoso que ahora sólo se dedica a escribir prólogos.

Tuve que ir a María Moliner para enterarme qué tipo de verdura o producto era “ludópata”, que había que explorar. Antes de ir, pensé en algo así como pata ancha o algún tipo de pie plano. Pero me enteré que es alguien que sufre la adicción al juego.

Un toque finamente culturoso, es un dealer y no un traficante de no se sabe qué. Pero, gordi, dealer suena bárbaro.

Hay un detalle místico por la mitad del artículo: El eterno retorno que no pudieron llegar al nirvana y la reencarnación de vaya a saberse si alguien los espera. En ese mismo párrafo se sirve un menú de policiales.

Habrá autores que, a falta de futuro, reflexionan sobre sus vidas que dejaron atrás, su pasado militante y el presente. Esto de reflexionar sobre el pasado que no supieron construir no está nada mal, y tener la seguridad de que alguien está interesado en sus vidas es el optimismo positivista más norteamericano. Eso sí, sería excelente que se borraran del presente, pero –si lo sabré yo, que intenté suicidarme con coca cola varias veces– es difícil morir.

Debo confesar que hay tantos autores (y más cuando se los repite), que una vida entera no alcanzaría para leerlos. Y vaya a saberse si valdría la pena hacerlo, ya que en la oferta de la canasta de compras faltan los mejores. Y me aterroricé cuando leí acerca “Del aluvión de novedades internacionales”.

El cachondeo cultural ha triunfado.

Ante esa lista que oprime y ahoga hay una sabia frase, un toque gracioso, de la autora del artículo: “¡A no desesperar, entrañables lectores! Dicen que lo que abunda no daña, cuando no es mal ni cizaña”. No estoy tan seguro, pero la palabra “entrañables” es tan dulce, tan de musa, tan femenina, que da calambres.

Me detengo en el parágrafo intitulado “Para alquilar balcones”. Como espectáculo, ya sobra lo antedicho.

Y seguir hablando sobre seis páginas de informaciones que no informan nada, que más bien dan náuseas, es de masoquistas.

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2 Comentarios to “¿Lista de compras o cachondeo cultural gastronómico?”

  1. Guillermo Yáñez dice:

    Hola Pablo:

    No puedo impedirme hacerte una critica historica a tu artículo sobre cultura ya que le das solamente 300 ó 400 años en circunstancias que fue el gran Ciceron que puso la palabra Cultura en el vocabulario latino a traves de su ensayo “Cultura anima philosophia est” donde asì remplazó la idea griega de Paideia por la palabra cultura que se usaba en latin para el cultivo agricola, hizo el siguiente paralelo : ” …de la misma manera que el hombre pone empeño para que una semilla dé raices, para crecer y mas tarde dar frutos, el recien nacido y futuro ciudadano se enracina en sus progenitores para crecer recibiendo los conocimientos y pensamientos propios para mas tarde dar sus frutos como ciudano romano ,,,”

    Hola Guillermo:

    No tengo ningún inconveniente en poner tu crítica en la página debajo del artículo. Eso sí, absolutamente sin ánimo polémico ya que las fechas exactas los vas a tener que discutir con el historiador Braudel quien tiene todo un trabajo acerca del origen de la palabra “cultura” en su sentido y uso actuales. Lo único que le agrego es que temo que la palabra cultura (no sólo por mi cita de la cultura idiota) está perforada y hace agua por todos lados.

  2. A. P. dice:

    El comentario sobre el artículo de Página 12 me parece muy interesante y muy irónico (lo cual no le quita interés; le suma). Agrego algunas otras expresiones tan o más ridículas que las que menciona -que siempre me llamaron la atención- con respecto a la palabra “cultura”. (No quiero comentar el análisis del citado artículo). Y sí, eco, king, garro y compañía es una lista bien al estilo de las horribles “metáforas” (??) usadas por los estadounidenses para referirse a la mezcla de razas (perdón, de grupos “étnicos”): “salad bowl” o “mozaic”.
    Volviendo a cultura, ahora enseñamos en nuestras universidades el multicuturalismo que no es lo mismo que el pluralismo cultural, ni tiene nada que ver con el físicoculturismo, pero que ya va cediendo con el paso del tiempo al post-multiculturalismo. Es tan “exacto” ese término que tiene más prefijos y sufijos que contenido (¡post, multi, ismo, ¡genial!). La interculturalidad parece ser algo totalmente diferente de lo anterior, y sólo se entiende si uno se toma una botella de Vodka en ayunas y encima carece de “cultura alcohólica”.

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