Sobre la ruta, un cartel: “Criadero de los Corderos del Señor” y una flecha que indicaba el rumbo. Dobló y avanzó sobre un camino pedregoso entre una arboleda frondosa.

Los árboles terminaron pronto y se abrió un hermoso cielo azul frente a un portón abierto debajo de un amplio arco en el que se podía leer: “Dejad que los niños vengan a mí”. Frenó  y siguió las instrucciones del letrero: “Estacione en la playa”. Así lo hizo, bajó y apenas pasó por debajo del arco, de un edificio largo a la derecha, salió un monje.

Mientras caminaba, detrás de un alambrado dividido en secciones, observó los corderos que pastaban, o más bien comían de receptáculos,

Se encontraron. El monje de uniforma talar inmaculado, una capucha sobre sus espalda, una tonsura que parecía dibujada, las manos metidas en mangas holgadas, se inclinó:

–Bienvenido al Criadero. ¿Cliente o turista o ambos?

–Curiosidad no más para ver si era verdad lo que se cuenta de este internado. Pero no sabía que se podían comprar.

–Comprar como comprar, no. Pero alquilar sí. El precio depende de la edad y el estado en el que se encuentran durante el proceso de reparación. ¿Desea ver la lista de precios por edad y uso? También puedo mostrarle algunas fotos. O si prefiere puede dejarme su mail y le informamos si hay alguna oferta.

El cliente potencial  observó los corderos. De debajo de la piel que llegaba hasta el suelo, cuando se desplazaban, a veces se asomaban las manos, las rodillas o los pies.

Preguntó:

–¿No se lastiman al arrastrarse por el suelo y ese pasto cortante?

–Oh, no, es de polyester muy suave. A los dignatarios les gusta la piel tersa y suave como probablemente a usted. ¿Qué decide?

–Gracias. Lo voy a pensar –giró y se retiró sin saludar y sin ver la amable reverencia del monje.

Deja Un Comentario

(necesario)

(necesario)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

© 2011 Pablo Urbanyi Sitio Oficial Suffusion WordPress theme by Sayontan Sinha