Bar La Paz, un centro “cálido de información” sobre nuestras amarguras o alegrías o alguna noticia siempre importante. No hubo noche en que no lo encontráramos detrás de la mesa justo a la entrada de la esquina por Corrientes y Montevideo. En un bloc guillotinado de unos5 centímetrospor 15 que engrampaban unas 40 o 50 hojas, escribía, siempre escribía con birome y una letra menuda como pisadas de hormiga.

Nunca supe su nombre. Aunque no se diera con nadie, respondía a los saludos y a las preguntas: “¿Qué escribís?” “Una novela, ya me falta poco para terminar.” “¿Es larga?” “Cada bloc, un capítulo. Ya estoy por terminar y el editor la espera.” Y alzaba la taza de café para beber un  sorbo.

A veces lo hallaba al comienzo de un bloc, otras por la mitad, o casi al final.

Diez años de comadrería, complicidad, diarios, por los matrimonios, el trabajo, por aventuras esporádicas, por las diferentes militancias, los encuentros se fueron espaciando.

Pero a él, firme como una roca, siempre lo veía allí.

Los detalles son innecesarios: dejé la Argentina en 1977 y regresé en 1987.

El centro “cálido de información” se había dispersado. Sin embargo él, como un espejo de los años que habían pasado, el pelo cano, arrugas en la cara, la birome entre sus dedos huesudos, seguía escribiendo.

Me acerqué a él: “Hola, qué tal, cómo te va”.

Alzó la cabeza y sus ojos hundidos me miraron para responder: “Bien, siempre en la lucha. Ya me falta poquísimo para terminar”. Y levantó la taza para succionar en el vacío.

2007. Con dolores en mis articulaciones, levanté un pie para subir el escalón. Arrastré el otro y entré: en su lugar, sobre la silla, había una lápida. Dos brazos de piedra y los cantos de sus manos sobre la mesa: sus dedos se movían garabateando con una birome en un bloc.

Tuve que ponerme los anteojos para, grabado en la piedra, poder leer:

HOMENAJE A LOS QUE ESCRIBEN POR EL AMOR AL ARTE

Un poco apresurado para salir, en la puerta me di cuenta de que sólo había tenido la impresión de ver su cara. Me detuve y miré para atrás: sólo vi una corona de laurel dorado sostenida por una varilla por detrás.

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