Cuentos

El Aula Magna.anatomische-les

Al fondo,  imágenes de Hipócrates y Galeno. Sobre el podio, en el medio, un atril catedrático con micrófono, jarra y un vaso. A los costados, sillas de cuero. A la izquierda de la última de silla, colgado del cielo raso, un cartel color bordó y en el que, en letras doradas, en inglés y francés, podía leerse Facultad de Medicina,  y debajo, Nosotros enseñamos a curar. Se destacaban los símbolos de Facebook, Google, Twitter, WhatsApp, Blogger, Linkedln, Yahoo y Flickr. A los costados, dos cortinas abiertas sostenidas por gruesas cuerdas trenzadas.

Continúa leyendo »

Relacionados

 

-¿Sabes que estoy aquí por accidente, o tal vez yo misma no sea yo, o no sea la que tendría que ser, o a la que tendrían que haber encontrado?

Él, el codo sobre la mesa del bar, negó con la cabeza. Verónika interpretó el gesto como de interrogación y contó: Continúa leyendo »

Relacionados

Buda

 Un atardecer de un día de verano, estaba el Buda sentado, con una flor de loto en la oreja, debajo de un árbol en su posición favorita, clásica, en la que se inmovilizaría por los siglos. Lo acompañaba su discípulo predilecto, Ananda.

Como surgiendo del Nirvana, Buda, el Maestro, suspiró profundamente, aspiró el perfume de las flores, el aire denso y pesado con sabor a miel, y habló así: Continúa leyendo »

Relacionados

 

princesa

Érase una vez una niñita bella como una princesa, graciosa y increíblemente  bondadosa pero muy inocente, poco preparada para la vida en el mundo en que vivimos.Ésta es la historia de cómo aprendió de los mayores gracias a una perra y sus bebecitos y, perdida su inocencia, vivió feliz el resto de sus días.

Como os podéis imaginar, la niña no estaba sola en este mundo. Tenía algo tan anticuado para los días que corren como una familia compuesta por un padre, una madre, un hermanito menor y una abuela. Al igual que muchas abuelas, la abuela era vieja, tenía muchas arrugas, tantas como experiencia, y sus cabellos eran muy blancos, pero sus ojos relucían como dos estrellas, dulces y cariñosos, cargados de amor. Continúa leyendo »

Relacionados

Ottawa, 27 de agosto de 201…

Querido Alberto:

Antes que nada te debo pedir disculpas por no haberte contestado inmediatamente a tu carta de hace más de un año. Las razones de la demora son muchas pero no infinitas. Por un lado, al vivir en esta fabulosa sociedad de la era de la comunicación, me encontré muchas veces diciéndome: “Bah, para que vas a escribir. Cuando se te ocurra, te tomás el avión y te vas para allá para contarle todo en una mesa de café”. Con ese pensamiento, ahora me doy cuenta, pueden pasar dos o tres años, hasta una vida, esperando la plata para el pasaje. Continúa leyendo »

Relacionados

 

Educacion.pdf

Cuando en la Universidad de Ottawa, ciudad ésta en la que Pablo, después de dar vueltas por el mundo como perro que se busca la cola, había bajado las anclas, el primer día de clase, a las 18,58 horas, entró en el aula para empezar a dar el Curso de Conversación de Español Nivel Superior 2002 XZA, creyó que se había equivocado y que había entrado en Pandemónium, la capital del infierno; dos o tres viejos arrugados, algunos hippies zarrapastrosos fuera de moda, un paralítico en un sillón de ruedas, homosexuales con el pelo largo y lesbianas con el pelo corto, varios punks con el pelo coloreado como flores de un paisaje extraterrestre, así se lo habían hecho creer. Continúa leyendo »

Relacionados

A mi hija Mafalda.

Ya cerca de medianoche –afuera frío y ventoso, mi mujer y mis hijos durmiendo, yo sentado a la mesa de la cocina, repasando las amarguras de la jornada con la esperanza de que, tal vez gracias al último vaso de vino que estaba tomando y que me empujaría a dormir, el día siguiente fuera mejor– apareció mi hija en piyama, encima el salto de cama, y se sentó en otra silla a mi lado. Continúa leyendo »

Relacionados

La autosatisfacción, “en el siglo XIX era una enfermedad, en el XX es una cura.”
De Thomas Szasz.

Sobre la aprobación del matrimonio homosexual y de la adopción: “Un paso más en el camino de la libertad y la tolerancia.”
José Luis Rodríguez Zapatero, político.

Continúa leyendo »

Relacionados

 

En el supermercado de la muerte los clientes echan una carrera en silla de ruedas.

Algunos cadáveres se han vestido de gala.

Lo aceptaré todo, excepto esto, la   muerte consumista.

Sándor Márai, de Diarios 1984-1989.

 

Mediodía. El personaje, sentado en un sillón pegado al ventanal del balcón –afuera, nubes negras y pesadas que le ocultaban el cielo–, estudiaba la primera página de un folleto desplegable que había encontrado, entre otros, en su casilla de correo.

Los solía tirar a la basura sin mirarlos. Pero éste (siempre lo logran con alguno) le había llamado la atención por el collage de las fotos de las pirámides, máscaras doradas de faraones, tumbas precolombinas, y un título con letras doradas en relieve:

Viva económicamente en la Ciudad Eterna, cerca de Dios. Continúa leyendo »

Relacionados

El espectaculo (Bajar el cuento completo en PDF)

Venía de algún lado, sin saber de dónde, e iba a otro, tampoco sabía cuál. Deambulaba como un turista de vacaciones, pero sin tener ningún destino, ni siquiera un museo o un monumento histórico o algún buen restaurante recomendado.

El  lugar, por la gente, bien podía ser la calle 12 de Washington o la 42  de  Nueva York. Se sentía desorientado y perdido. “Debe ser por haber viajado tanto. Las ciudades, el mundo, se parecen cada vez más”, se dijo, y se preguntó si no sería un sueño. “Pero, cuando uno dentro de un sueño,- razonó,- piensa que está soñando, se suele despertar”. Continúa leyendo »

Relacionados

© 2011 Pablo Urbanyi Sitio Oficial Suffusion WordPress theme by Sayontan Sinha